
Curso Nacional de Formación Biblica 2026
Yo creía que era un buen pescador… Pero, un día fui de pesca, preparé todo el equipo y me puse
en camino. No podía faltar la motosierra para hacer leña, que serviría para
alimentar el fuego, que daría calor y luz. Dejamos un espacio en la camioneta
que fue ocupado por una muy buena leña seca cortada en el camino.
Llego la tardecita, armamos el fuego, y parecía que lo tenia todo, para que fuera una buena pesca. Y cuando el sol se va ocultando en el horizonte, era la hora de prender el fuego. Ahí entre en crisis, no tenia con que encender el fuego.
El al ver mi
fuego apagado, me ofreció su encendedor, el cual inmediatamente fui a recibir,
el cual utilicé para encender el fuego. Agradecidamente lo invité a cenar
juntos, unos chorizos que puse a la parrilla. El acepto y tuvimos una hermosa
charla, y una muy buena pesca juntos. Hoy somos muy buenos amigos.
Cuantas veces en nuestra vida, nos creemos bueno para realizar alguna actividad. Desde trabajos a relaciones humanas. Muchas veces nos va bien…
Pero en algún
momento de nuestra vida, yéndonos bien, o por perdida de algo, sentimos
interiormente que el fuego interior se va apagando o se apagó. Y entramos
en un tiempo que llamamos de crisis, de oscuridad, sin saber muy bien hacia
donde seguir caminando.
Ese momento
aparece las tentaciones, de volver a atrás, de suspender la pesca, el
sentimiento de frustración nos envuelve. Es un momento de oscuridad,
propicio para perder el control de nuestros deseos y tener algún tropezón…
Ese es el momento justo para que, quien me busca desde siempre, se
me aparezca. Quizás estaba
ahí, pero al no necesitarlo, no me abrí a su presencia, a su ayuda. Dios su Espíritu
es muy respetuoso por nuestra libertad: de tener una vida individualista,
eligiendo mi camino, haciendo las cosas de la manera que quiero, o abrirme a su
amistad, escuchar su voz, recibir su chispa que enciende el fuego interior, y dejarme conducir por la guía de su luz.
El momento de crisis, de oscuridad, es el momento donde mis fragilidades me pueden llevar por mal camino, aparecerán ofertas tentadoras… pero también es el momento ideal para abrirme al regalo de la presencia, del amor de Dios.

Los escritos de San Pablo
Expositor: p. Fidel Oñoro
Pablo era un
hombre bueno, cumplía las leyes religiosas… hasta que le comienza a faltar algo…
y se daba cuenta que no era tan bueno como parecía. Hasta que entra en crisis,
y ahí tiene un encuentro personal con Jesús, quien
va a su encuentro cuando lo ve caído, sin rumbo y le ofrece su amor.
Pablo se abre a ese amor, se deja abrazar, lo abraza, y es
ese Espíritu de Amor lo transforma, haciéndolo ver el sentido verdadero de su
existencia…
Desde ahí en
más, Pablo puso en primer lugar la amistad con Jesús,
y se dejó guiar por él, sabiendo que seguirlo, era pasar también por
la cruz. La cual no era una perdida y si una ganancia, en bien de todos.
Hay muchas
personas viviendo sin que Dios sea su chofer. Algunos no necesitan de Dios y
otros manejan ellos y piden a Dios los acompañe en sus proyectos personales,
familiares, políticos o pastorales. Hasta que en algún momento se viene la
noche, porque la noche llega sorpresivamente o por un tropezón, o una
perdida. Ahí es el mejor momento para descubrir la
mano que Dios desde siempre nos ofrece.
Amistad que
luego elegimos cultivarla y escuchar a ese amigo en su propuesta para nuestra
caminata. O volvemos a tomar el mando de nuestra vida, complaciendo nuestros
deseos, los deseos de seres queridos o del deber ser, según el mundo.
Si lo
ponemos a Dios de copiloto, o lo bajamos de nuestras andanzas él no se enoja y tampoco nos desea el mal… su Amor
es fiel, dejándonos siempre libres de recibirlo o no.
Es muy
distinto dejar a él, que tome el timón de nuestra vida… es tener fe en su amor,
es dejar a Dios ser Dios en mi vida…
Nacho.

.jpg)





