Lo recuerdo a Luis Del Castillo siendo nuestro rector del seminario, estudiando Chino, soñando con ser enviado a una misión a Asia. Cada encuentro con él, en la mesa del comedor, en una charla o homilía, nos hacía sentir a un hombre con corazón universal, capaz de llevarnos con sus palabras a los lugares más lejos del planeta donde hubiese una necesidad humana o misionera.
Lo recuerdo a Luis Del Castillo, siendo nombrado obispo de nuestra diocesis de Melo, en lo personal llego en el momento en que estuve por dejar de ejercer el ministerio sacerdotal... y él me acompaño a volver a conectarme con el llamado de Jesús a ser discípulo misionero. Los primeros meses como obispo, me pidió el servicio de chofer para recorrer la diocesis. Él quería encontrarse con cada comunidad, acompañado por alguien del lugar, para poder ir masticando lo visto y oído. Yo lo llevaba pueblo por pueblo, al encuentro con los párrocos, religiosas, comunidades y personas e instituciones amigas fuera de la iglesia. Él en sus reflexiones decía que con 7 sacerdotes se podría atender bien la diocesis que tenía 14 parroquias con distancias muy cercanas, unidas por carreteras asfaltadas. Que los sacerdotes fueran itinerantes, trabajando en equipo, daría a las comunidad mayor pertenencia y responsabilidad de los laicos, los cuales debía asumir ministerios como: el de la eucaristía, de la palabra, de la coordinación parroquial, del servicio social.
Lo recuerdo a Luis Del Castillo, después de dos años de estar como obispo en nuestra diocesis, llegando a la parroquia de San José de Treinta y Tres, diciendo que tenía una un sueño y si yo estaba disponible a abrir camino. Según su mirada la Iglesia uruguaya estaba encerrada en si mismo, dependiente económicamente y en cuanto a sacerdotes de Europa. Había que abrir puertas, tender puentes hacia nuestro continente, desde la economía evangélica: dar desde nuestra pobreza. Si bien los salesianos ya tenían un puente hacia África, había que trenzar hilos con iglesias y pueblos donde fuera posible el aseso por tierra, para que el intercambio fuera posible para muchos. (El entrar en la economia de Dios, dar desde la pobreza, tubo como resultado mi envio, y llegada a la diócesis del p. Lucas, francés que hizo un aporte muy importante) Los dos países que él veía como posible eran Perú y Bolivia, porque en nuestra diocesis habían religiosas peruanas las de Jesús Verbo y Victima y porque en Bolivia ya teníamos las misioneras Franciscanas del Verbo encarnado, uruguayas y de Fraile Muerto en Bolivia. Sin pensarlo demasiado dije que Si a su propuesta de ir a ver la posibilidad de un centro misionero uruguayo en Bolivia. Él pensaba un puente de toda la iglesia uruguaya, y ya había hablado con otros obispos (los cuales no se convencían de dar desde la pobreza) y si se entusiasmaba a otros sacerdotes de diferentes diocesis.
Lo recuerdo a Luis Del Castillo, buscando los contactos con el Vicariato de Cuevo (hoy vicariato de Camiri) en el Chaco Boliviano, su rostro resplandecía en la reparación y el envió a esa misión. En ese momento éramos 4 sacerdotes nacidos en la diocesis, él decía que, al enviarme, compartía el 25% de lo nuestro. Lo sentía como vivir el mandato de Jesús. No lo consideraba una perdida, y si que a su tiempo sería una guanacia: es dando desde nuestra pobreza con generosidad, como se recibe, al modo evangélico.
Al mes regrese convencido que era una bendición de Dios para TODOS, este puente. Y comenzamos a preparar el viaje de ida a abrir el lugar misionero donde el obispo Leonardo nos asignara. Era y sigue siendo un Vicariato, a cargo de los franciscanos. La idea era que fuera por un año, y después otro sacerdote me remplazaría, para que la misión fuera de la Iglesia uruguaya. Algo que se concretó después de 8 años cundo fui expulsado, (por problemas del poder político unido al religioso) y fue Edgardo Rodrigues de la diocesis de Mercedes.
Lo recuerdo a Luis Del Castillo, cuando al año de la misión me fue a buscar, y vio lo que estábamos viviendo con el Equipo Misionero Itinerante (después bautizado por los guaraníes, simplemente Los Colibríes), él fue uno más en el equipo. En pocos días casi hablaba el idioma guaraní. Viajo con nosotros a las comunidades más alejadas como eran el Alto Parapetí. Sintió en su corazón la situación de esclavitud en manos de los terratenientes de estos hermanos originarios del lugar. Comió en sus mesas, escucho dolores y sueños de liberación. Presento a un Jesús inculturado, caminando con el pueblo, un Jesús que vino para liberarnos haciéndonos hermanos con un único Padre Dios.
Escucho a Muchy y Paola, guaraníes en el equipo, después a Maribel, Adelaida y descubría que los guaraníes tenían algo indito en cuanto a lo comunitario, relación de amistad con la naturaleza, amor por los ancianos y los niños, con una vida desprendida de lo material, que nos podían hacer mucho bien a nuestra iglesia uruguaya, tan europeizada, muy quejosa de lo que le falta en comparación con los pises ricos materialmente del norte. Se hizo amigo del franciscano Tarsicio, del padre Roberto en Cabeza, soñando juntos encarnar el evangelio, poner en práctica el concilio Vaticano II y los hermosos documentos de Aparecida que proponía una iglesia misionera según el proyecto de Jesús.
Las hermanas del Verbo encarnado lo acogieron y lo disfrutaron, (especialmente Graciela y Rosa uruguayas en Bolivia de Fraile Muerto) así como lo hicieron conmigo, después con Edgardo y tantos laicos, laicas, que fueron como parte del tejido. Ellas apoyaron la venida de guaraníes, de jóvenes v bolivianos a Uruguay.
Luis Del Castillo, nos pidió que escribiéramos lo que estábamos viviendo, porque lo consideraba un soplo nuevo del Espíritu Santo: ir a compartir con las comunidades más alejadas, la cotidianeidad de la vida, preparando sus celebraciones, presentando y viviendo un Jesús hermano, inculturado, solidario, pobre, liberador, siendo la mayoría del equipo indígenas del lugar.
Lo recuerdo a Luis Del Castillo, como quien trajo las Fazendas a nuestra diocesis ya Uruguay, en tiempos donde las adicciones se decía: era de unos pocos mal educados, y tuvo que aguantar la critica de traer drogadictos a la diocesis, él que tenía una mirada profética, viendo que se venía el problema de las adiciones, y la Fazenda era un soplo del Espíritu como respuesta. Despidiéndose de su diocesis por temas de salud, causado por la problemática de nuestra iglesia... Pero viéndolo como una oportunidad para irse de misionero a otra tierra más necesitada y fue enviado a Cuba. En su regreso hablaba de un pueblo con una riqueza comunitaria, con una iglesia en casas de familias, más viva, menos ocupada de templos y estructuras. Se lo sentía feliz despertando alas a quien quiera volar según el Espíritu Santo. Al grupo colibrí lo dejo volar a su modo, nunca se sintió dueño y siempre apoyo toda iniciativa que fuimos teniendo...
Un hombre de Dios, que vivió la Palabra de este día de su Pascua: HAY QUE DAR LA VIDA POR REDENCIÓN DE TODOS, COMO SERVIDOR (Mateo 20, 17 - 28). Un hombre integro, con un sentir universal, donde la prioridad fuera los más alejados y necesitados... descentrado de los suyos... un soñador... despertador de sueños, así te recuerdo agradecido por darme alas de colibrí Yasurupay - Gracias. en nombre de muchas y munchos...
Nacho