MOZAMBIQUE - AFRICA
6 de agosto 2 meses de su Pascua: de Mons. Osorio Citora Alfonso, obispo de Quelimane, misionero que creía en la bondad de las personas
(...) En la madrugada del 6 de junio de 2026, la Iglesia de Mozambique recibió una noticia que llenó de dolor y consternación a todo el pueblo: Mons. Osório Citora Afonso fue asesinado en la residencia episcopal de Quelimane. Un grupo de hombres armados irrumpió en la casa durante la noche y le disparó repetidas veces a la altura del pecho y del corazón, sin dejarle ninguna posibilidad de sobrevivir. Las circunstancias y los motivos del crimen continúan bajo investigación, pero desde el primer momento quedó claro que se trató de un ataque dirigido contra su persona.
(...) En septiembre de 2023 el papa Francisco lo nombró obispo auxiliar de Maputo. Recibió la ordenación episcopal de manos del cardenal Luis Antonio Tagle y, además de su servicio como obispo, fue elegido Secretario General de la Conferencia Episcopal de Mozambique. En julio de 2025 el papa León XIV lo nombró obispo de Quelimane y, pocos meses después, Administrador Apostólico de la arquidiócesis de Beira, confiándole dos Iglesias particularmente desafiantes.
El día de su entrada en Quelimane dejó un gesto que resumía todo su programa pastoral. Antes de entrar en la catedral se inclinó para besar la tierra. Luego explicó que aquel beso expresaba su amor por aquella tierra, por su pueblo y por la Iglesia que el Señor le confiaba. Inspirándose en el Evangelio afirmó que quería servir «como Cristo que lavó los pies de sus discípulos». Y, al presentar el horizonte de su ministerio, dijo una frase que hoy sigue resonando con fuerza: «Queremos que el Reino de Dios crezca; queremos que la Iglesia crezca; queremos que cada hombre crezca». Añadió además que la Palabra de Dios debía ser siempre «lámpara para nuestros pies y luz para nuestro camino», porque solo desde ella la Iglesia puede responder a los desafíos de nuestro tiempo.
No fueron solamente palabras. Desde el primer día comenzó a recorrer la diócesis para conocer personalmente las parroquias, las comunidades, los sacerdotes, los catequistas y las familias. Escuchaba más de lo que hablaba. Impulsó una renovación de la Curia diocesana convencido de que las estructuras solo tienen sentido cuando ayudan a evangelizar. Repetía con frecuencia que «la sinodalidad comienza con el clero de la diócesis» y que solo una Iglesia capaz de caminar unida podrá enseñar al Pueblo de Dios a vivir la comunión.
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También fue una voz valiente frente a las heridas de Mozambique. Denunció la pobreza, la corrupción y, especialmente, la tragedia de Cabo Delgado. En una de sus últimas intervenciones públicas confesó con dolor: «La situación parece estar fuera de control». Habló del miedo de las familias, de las mujeres que sufrían violencia, de los miles de desplazados y de los cristianos asesinados. Y, lejos de alimentar el odio, concluyó con una sencilla petición: «Los invito a rezar por nosotros». Era la voz de un pastor que sufría con su pueblo y que nunca dejó de creer que la paz solo puede construirse desde la justicia, la reconciliación y la esperanza.
El papa León XIV lo definió como «un generoso pastor» y pidió que la verdad sobre su asesinato fuera plenamente esclarecida, invitando a la Iglesia de Mozambique a permanecer firme en el anuncio del perdón y de la concordia. El cardenal Luis Antonio Tagle recordó con emoción que «nunca se cansaba de proponer encuentros de estudio de la Biblia y retiros espirituales. El don que había recibido gratuitamente, lo regalaba gratuitamente». Y el nuncio apostólico en Mozambique, Mons. Luis Miguel Muñoz Cárdaba, resumió su vida con palabras que permanecen grabadas en el corazón de quienes lo conocieron: «Han matado a un hombre de paz, un hombre de reconciliación, un misionero que creía en la bondad de las personas».
Quienes tuvimos la gracia de conocerlo sabemos que el mejor homenaje que podemos hacerle no es recordar cómo murió, sino seguir creyendo, como él creyó hasta el final, que el Evangelio tiene fuerza para transformar el mundo y que vale la pena entregar la vida por Cristo y por los hermanos.
Hna. Jola Plominska SSPC
(Revista Eco de las Misiones)
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COMUNIDAD SAN ANTONIO DEL BOSQUE:
"Se retiró a solas para alimentar su Fé."
NUESTRA REALIDAD
Hola queridos hermanos del Encuentro con la Palabra, rico alimento semanal. A las preguntas iniciales del Taller las nueve compañeras presentes respondieron con el almanaque en mano:
_Cuando todo va bien, nos quedamos quietas, cómodas, felices...Y mejor, riendo divertidas al compartir el té y las ricas facturas...
_ Hoy, estoy retirada del ruido, pero, no sola. Estoy intimando y aceptando esta etapa del duelo, que vivo intensamente, llorando o riendo en nuestro hogar, en lugares comunes, con mi familia, mis mejores amigos y recuerdos. Dios me comprende. Sigue obrando en mi y le agradezco por una larga vida de Amor compartido con mi esposo al 100%.ÁNIMO, me repite...
_ En las buenas, Dios. En las dificultades + Dios.
_ En mis silencios, le pido a Dios que mis seres fallecidos intercedan por nosotros ,especialmente por los que están lejos o sufriendo dificultades.
_ No me molesta la soledad. Busco la voz de Dios en el silencio.
_Necesito estar sola. El retiro para mi es una necesidad.
_ Tengo más hijos. Pero, a solas, siento más la presencia de mi hijo fallecido, que me acompaña.
_ Nunca me siento sola. La soledad me sirve para encontrarme a mi misma.
_ Cuando muy joven perdí a mi madre y a mi esposo, mis mejores amigos y pocos familiares no me dejaron sola. Hoy pienso que ha sido Dios quien más me ha sostenido.
REFLEXIONAMOS:
En estos dos pasajes de S Mateo hemos visto a un Jesús que nos muestra claramente su verdadera identidad. ¿Quién más que Dios puede multiplicar cinco panes y dos peces para alimentar a cinco mil personas? O caminar sobre las aguas?
Aún así, el mensaje va más allá de lo sobrenatural. Cuál es la reacción de los discípulos? Qué debe soportar Jesús? No lo escuchan... Dudan. Como hoy ¿Cuántos y cómo escuchamos lo que Dios quiere decirnos en toda circunstancia?
Hoy está faltando esa capacidad de oír. Se practica muy poco en todas las edades. Es difícil retirarnos para oír a Dios. El mundanal ruido nos distrae con sus interminables e innecesarias propuestas.
Jesús obliga a los discípulos a que crucen a la otra orilla, después de haber extendido la mano a Pedro. También nosotros, a veces, no vemos que Jesús está viniendo siempre a darnos la mano. Desconfiamos, no tenemos seguridad, ni en Él, ni en nosotros mismos. Y tampoco compartimos lo necesario, como los discípulos cuando le dicen que la comida no da y que envíe a la muchedumbre a comprarla en el poblado cercano. Ante estos gestos, Jesús prefiere quedarse con el pueblo hambriento y los obliga a retirarse.
¿Con quién nos quedamos nosotros?
Debe ser por eso que Jesús, cansado, disgustado se retira a orar.
No tanto por él, sino por ese pueblo necesitado, sufriendo y también por sus más próximos que todavía dudan y poco después hasta lo niegan y lo traicionan. Hoy sucede algo semejante.
¡Cuántas veces tenemos qué soportar increíbles y desconcertantes actitudes de cercanos, como le tocó al Señor! Que Dios nos de la sabiduría y compasión para no incurrir en lo mismo.
En oración agradecemos este nuevo encuentro, que se desarrolló en pleno temporal que afectó fuertemente aquí y a tantas zonas. Allí, en la Casa de Dios, pasó casi desapercibido.
ORACION:
SEÑOR: transfórmanos en personas escuchas de la Voz de Dios: en los más necesitados; por nosotros mismos; por quienes nos rodean y en toda circunstancia.
Auméntanos la humildad para reconocer que nuestra Fe todavía es débil. Que compartamos lo que tenemos, aunque parezca insuficiente.
" Soy Yo, no tengas miedo" le dijiste a Pedro y a nosotros.
Quítanos nuestras inseguridades, nuestros miedos, nuestros egoísmos, nuestras dudas, en tiempos de tempestad, de dolor, de ausencias... Porque siempre estás en medio de ellos para ayudarnos a no hundirnos y superarlos con Fé y Esperanza.
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