Al llegar a este "paraiso"... habían otros pescadores armando su campamento. Llegue con mojarras, de la anterior pesca, porque estan escasas por el frio de las aguas.Tire los aparejos, mientras armaba el fuego, se da el primer pique, en el aparejo azul. Al sonar la campanita, corrí emocionado, piola en mano, dos, tres picotazos, disparó, la fije y la alegría de la primera, que siempre es motivo de fiesta y agradecimiento.
No era muy grande, quizás de un kilo y medio, pero pensando en que tenía un día de pesca, más la noche, la sacrificaríamos como carnada. Y el corazón hablo:
- Sería bueno ofrecer la mitad, a los vecinos, que seguro todavía no han podido sacar mojarra para carnada.
Inmediatamente respondió el Ego:
- Nada de compartir, lo que YO pesque, seguro necesitaré carnada para esta noche, ellos se van a la tarde.
Sin ponerme a razón, ni en dialogar con el ego, les grite rápidamente a los vecinos:
- Amigos, salió la primera, la voy a hacer carnada, les arrimo la mitad.
Desde el campamento vecino respondieron agradecidamente, que habian traido carnada. Alegrandose de que yo hubiese pescado.
Preparo el mate, con el campamento armado, y el aparejo de piola blanca se va para dentro del agua. Me desprendí de todo, me acerque descalzo, para no perder tiempo y veo que: uno de los vecinos estaba recogiendo la piola de su ril y enganchó su piola con mi aparejo.
Surgió en mí una sonrisa, con algo de enojo hacia el vecino. El cual forzó la piola y se le reventó. Deje que terminara él sus movimientos, tome otros mates y decidí recoger mi aparejo, que seguramente había sido arrastrado hacia la orilla.
Para sorpresa veo un anzuelo y una plomada más, con un pedazo de tanza de ril, enredados con mis anzuelos.
- El corazon se alegro, porque el vecino no perdió su anzuelo y su plomada.
Pero inmediatamente el Ego, se enojo y razono:
- Este hombre vio que yo saque una tararira, y quiso pescar en mí lugar, me sacó el aparejo y reventó su ril; me quedo con su anzuelo y su plomada.
Por gracia de Dios,
- escuche una suave voz interior del corazón, que me impulsó a no sentarme y caminar hacia los vecinos con su anzuelo y su plomada.
El vecino se dio cuenta que le llevaba lo que el había perdido, retrocedió al campamento, tomó algo y vino sonriendo a mí encuentro. Diciéndome con voz cortada:
- Te lo agradezco, es un anzuelo y una plomada que quiero mucho, me lo regaló mi abuelo, cuando yo era pequeño.
Extendió su mano y me regalo una lata de cerveza, como agradecimiento. Le agradecí y le dije que:
- sería una buena compañía para la milanesa al pan que tenía como cena. Que recordaría a su abuelo. Sus ojos se humedecieron, seguramente el abuelo ya se habría adelantado al puerto final, al eterno, junto a Dios creador, Amor.
A la tarde fui a celebrar misa a Fraile Muerto, los vecinos quedaron cuidando mi campamento. Ellos iban pescando lindo con ciñuelo, yo saque una más. Ya tenia algunas mojarras para la pesca de la noche.
Al regresar de la misa, donde la Palabra de Jesús nos recuerda que:
- Somos administradores de nuestra vida, de los bienes materiales, de la creación y de nuestras relaciones humanas... El mayor pecado es adueñarnos de algo, de alguien... (Mateo 21, 33 - 46)
Tome conciencia que el Amor - Dios y el Mal -Posesivo, están en mi interior. Una es la voz del Ego que:
- busca darnos seguridades para después, que nos hace sentir dueños de los pescados que la laguna y la pesca nos ha regalado. Haciéndonos sentir al vecino como un invasor del territorio que me adueño, sin serlo.
Suavemente, también está la voz del corazón que: - me invita a vivir el presente con la alegría del compartir como hermanos, lo que se nos ha dado.
Cuando seguimos la voz del Amor, sin dialogar con el Ego.
- El Reino de Dios se hace presente aquí y ahora entre nosotros. Feliz el vecino, feliz seguramente el abuelo junto a Dios y en mí habitaba una paz profunda, de donde brotaba alegría del compartir, venciendo el egocentrismo, que nos propone asegurar nuestra vida, por sobre las relaciones humanas... perdiendo la fe en el Dios señor de toda la vida y creación.
Al regresar, los vecinos estaban levantando su campamento. Me trajeron las mojarras que les quedaban. Al irse me tocaron bocina despidiéndose.
- Yo no pesque ni una, en toda la noche, pero la cena con milanesa al pan y aquella lata de cerveza regalada por el vecino, y su abuelo, se transformó en misa.
La briza era suave, la noche bien estrellada, el hermano fuego me daba luz y calor. Un coro de ranas me acompañaba. Amores y salidas del camino, surgían en mi pensamiento, todos habitantes del corazón y todo lo ponía en manos de Dios. Las búsquedas y la saludo de amigas y amigos se hacían oración, no con palabras repetidas,
- simplemente recordando sus nombres, agradeciendo por el don de la amistad, dando gracias por todos los bonitos encuentros, sintiéndome perdonado por mis actitudes posesivas... El señor perdona y solo el Amor permanece.
A media noche descansamos en el colchón, dentro de un sobre de dormir, con una sonrisa:
- Hoy fue un día de muy buena pesca, al escuchar la suave voz del corazón que venció a mi ego egoista. Como no agradecer todo lo que se me regala...
Al día siguiente, fuego y mate tempranito, con la expectativa de que sería un día de gran pesca. Cero pique hasta media mañana y me pareció que era bueno cambiar de puerto. Levantamos el campamento, y nos trasladamos cercanos a la taipa de la represa. Las hermanas nubes permitían que el sol nos diera su luz, calor, al modo indicado para estar a la intemperie de manga corta, sin necesidad de protector.
Con todos los aparejos, el ril y la bollas, a la pesca, envuelto en la esperanza de que saldría algún bagre o tararira... Un solo pique. Parece que era un fin de semana para estar quieto, contemplar...
- el vuelo de las garzas, la visita de los patitos, el rumiar de las vacas... contemplar bajo la mesa, la latita vacia de cerveza, junto a la tararira hecha carnada... Reafirmando que dentro nuestro están enfrentados el bien y el mal, siendo muy importante caminar despacio, escuchando nuestro actuar, en relación a nuestros vecinos - prójimos... eso es escuchar a Dios, quien siempre nos llevará a Amar y ser Amados.
Al regreso de la pesca, la alegría de saber y ver personas que sinto que son mis hermanos, dado por Dios Padre y Madre de todo. Quizás alguien me pregunte:
- ¿cómo me fue de pesca?
No podré regalar pescados, ni siquiera contar anécdotas de que la más grande se me escapó...
- Haré silencio...
Se que algunos descubrirán en mi mirad sonriente:
- La Voz de Dios, su perdón por la veces que nos ganó ego, su Amor... también se que Dios quiere hablarles a los que leen este escrito, por eso escribo desde mis luchas interiores.
Con la compañía de San Francisco, en el día que la Palabra nos regala a Jesús visitando a Marta y María. Una de ellas se enceguece en el hacer y la otra descubre lo que es realmente importante y valioso en la vida: el contemplarlo a Dios en la vida, en la creación, en nuestros hermanos, en la mesa hecha altar con pan y vino o milanesa con cerveza... o mate con amigos... en la gauchada, el servicio, la visita, la acogida, el abrazo, el canto, los escritos... (Lucas 10, 38 - 42)
Nacho