lunes, 15 de junio de 2026

FAZENDA FEMENINA BETANA en MELO


La mies es mucha y los obreros son pocos,
nos dice Jesús en su Palabra. Y en la Fazenda no solo se escucha su Palabra, también se la hace vida. La Palabra no es para memorizar o repetir, es para dar respuesta a la realidad a ser curada, sanada, por eso la primera pregunta que nos hicimos en la sobre mesa del domingo fue: ¿Cuál es uno de los problemas en las relaciones humanas, familiares, sociales e institucionales? La respuesta fue bien concreta: No sabemos ESCUCHARNOS bien, y tampoco sabemos HABLAR DESDE LO QUE ESTAMOS SINTIENDO.


Esta problemática generalizada en todos los ámbitos lleva a: relaciones que se quiebran, enfrentamientos, exclusión, adiciones, consumismo, soledad, problemas de salud mental, e incluso suicidio...


En la misa escuchamos la Palabra, y sin caer en otras palabras con consejos o juicios, PUSIMOS EN PRACTICA LA PALABRA. Todos nos pusimos de pie en el templo, así nos quiere Dios... Hicimos dos filas paralelas, y cada uno quedo a su lado con una compañera o compañero. Entonces la invitación fue a salir del templo, dejándonos abrazar por la presencia de Dios a través de la luz y el calor de su sol. Caminar sin apuro, a paso lento, de ida hablando desde dentro uno, sin ser interrumpido, sin recibir consejos, y de regreso quien escucho, tuvo la posibilidad de ser escuchado. 


Ahí dimos lugar a la mano de Dios, que nos hizo encontrarnos con quien él quería que nos escuchara en su nombre y quien nos pidió que nosotros escucháramos en su nombre. Fue una experiencia sanadora y gratificante. Somos sanados cuando alguien nos escucha, así como escuchaba Jesús, sin juicios ni consejos de deber ser, con acogida y aceptación. Somos felices, nos sentimos mas humanos cuando hacemos el bien mayor que es escuchar sin pretensión alguna, haciendo sentir al otro que vale, así como es. 


A Dios rezando y con el mazo dando, vinimos a rezar juntos, cada uno por sus necesidades, y la Palabra nos invitaba a RECOJER, a trabajar en su cosecha... lo hicimos y hubo escucha, abrazos, perdón, alegría, pan, chocolate para TODOS... Fuimos felices siendo felices juntos...


Vivimos una Eucaristía en comunidad, donde el Espíritu de Dios se manifestó, donde la presencia de Jesús misericordioso, como cordero de Dios que quita el pecado del mundo, hizo su obra, limpiándonos y haciendo brotar en nosotros su Amor. Todos nos pusimos más bonitos... 


Por está tarde fuimos obreros de Jesús cosechando lo bueno que él es y hace dentro de cada uno, y que se expresa en relaciones humanas fraternas, que valoran lo diverso, y hacen el milagro de la multiplicación del Amor, en gestos y servicios, y pan compartido... sin exclusión.

1 comentario:

  1. Me gustó el relato, Padre
    Un abrazo a esos corazones de personas conocidas.
    Estamos unid@s

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