Jesús resucitado, cuando es encontrado por las mujeres que lo buscan... les dice "vayan e inviten a ir a Galilea ahi los estare esperando". Poniendo lo último como primero, Jesús nos espera en aquel lugar periférico, apartado de los lugares de poder, lugar donde algunos los que se creen buenos dicen: "nada bueno puede salir de ahí".
Justamente aquí ayer, un preso que se escapo de la cárcel, robo una moto, perseguido por la policía, derrapo en la esquina, escapo corriendo y lo agarraron en un terreno baldío.... Aquí donde estan las chicas que cayeron, tocaron fondo por una adicción a droga, a alcohol, a fármacos, a juegos... aquí nos esperaba Jesús fiel a su Palabra...
LA PALABRA (Mateo 22, 15 - 21) la encarnamos en nuestra VIDA REAL. Juan Pedro nos ayudó a representar nuestra vida cayendo al suelo... Una mamá Llamada Bety, contó su experiencia cuando dos de sus hijos cayeron en adicción a drogas en Mendoza Argentina. Lo primero fue sentirse CULPABLE como madre, creyendo que tambien podia ser una PRUEBA o CASTIGO de Dios... Esos sentimientos de culpa, de prueba o castigo, muy comunes entre nosotros NO SON VENIDOS DE DIOS, son del Cesar...
Esa imagen de Dios que nos prueba o castiga, puede alejarnos o enojarnos con Dios... Algunos hacen negocio con la fe, aprovechando el sufrimiento de los demás...
Nuestro Dios lo conocemos por medio de Jesús... el cual se encarnó en los lugares de extrema pobreza (pesebre, Nazaret, Galilea, cárcel, cruz). El cual fue criticado, juzgado y condenado por recibir y sentarse a la mesa con los reconocidos como pecadores, como impuros.
Lo verdaderamente del Dios de Jesús es: la cercanía fiel, su amor en cualquier situación nuestra... su elección preferencial cuando estamos caídos, fuera del camino, por debajo de los demás.
Todos tenemos dentro un Juan Pedro caido o volteado, herido.... y un Timoteo en movimiento que no cumple las normas que nos adoctrinan, uniforman para manipularnos y hacernos consumistas de lo que nos quieren imponer y vender los CÉSARES de hoy.
Nos conectamos con ese niño interior... reconociéndonos hijos del Dios Padre que pone primero a los últimos a los más pequeños, rezamos juntos como hermanos el Padre Nuestro, reconociendo que "nadie es más que nadie... ni menos" y que todos tenemos el mismo Padre y Madre Amoroso: Dios nuestro creador y sostén. Nos pusimos en manos de Jesús, dejamos que él nos levante, nos cure, nos perdone y nos pusimos en movimiento para ir al encuentro del prójimo, de los otros presente, para dar y recibir la PAZ de Dios. Ofrecimos con un canto el pan y vino, ofreciendo nuestra vida nueva, cantando ALMA MISIONERA, recibimos a Jesús en la eucaristía o una bendición.
Pedimos la bendición para el agua y en comunidad Timoteo recibe su bautismo... que fue todo un signo de alegría, para él, alegría que todos pudimos experimentar, la alegría de ser abrazados por Dios y tratarnos como hermanos. Todo se hizo fiesta...











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