viernes, 6 de noviembre de 2015

INVITACION A MISIONAR EN NAVIDAD

Querida Rossina, Diego y Juan Pablo, si en este día les apareció un colibrí en el camino, o soñaron con campo abierto, o les ardió las orejas, era porque estuvimos hablando y rezando por ustedes.
Los esperamos para misionar previo a la Navidad en Poblado Uruguay. Hoy estuvimos ahí, alimentando la fe. En un día primaveral que no es noticia para algunos medios… Y si fue noticia el temporal, la rotura del puente.  Hoy queda en silencio, la inmediata solución que han hecho con un camino alternativo que quedo firme… hasta que llueva.



El domingo anterior para la misa, se organizaron para que llegara, aunque no se podía pasar por el puente. Un quintero me fue a buscar, en la camioneta que otro vecino le había prestado. Las mujeres coordinaron todo.
Pero lo que quería contarles se refiere a la fe y la vida de esta gente. Se está en plena siembra del arroz, un poco atrasados por las lluvias. Y estamos en el mes de María, la madre de Jesús.
Hace cuatro años que me invitan a venir, a compartir una visita a las familias. Que no es cruzar la calle o tomarse un ómnibus. Acá las motos y las sandalias son los medios para la misión.
Para mí es un manantial de fe, ser parte de esa organización familiar que hoy se da por celular ya que hay considerables distancia entre casa y casa. Son kilómetros por camino de tierra. Que mucho me recuerdan al chaco boliviano, a su gente y las misiones del Equipo Misionero itinerante.

A la hora 16 y 30 era la convocatoria en Poblado Uruguay, y ahí estuvimos. Llegaron las vecinas con sus motos, con los niños detrás. Recorrimos unos cuanto kilómetros, donde se nos iban sumando algunos más hacia el paraje Picada de Maya. Dejaron los vehículos en la portera de una casa, donde ayer habían estado a rezar. Ahí era el lugar de partida de la peregrinación de hoy.
Por el pasto, cruzando alambrados, por el camino vecinal, entre medio de plantíos de arroz. Hoy solo dos víboras se cruzaron en el camino, una parejera y una crucera. La imagen de María llevada en los brazos, es toda una experiencia de fe. Somos humanos y necesitamos signos que podamos ver y tocar. Lindo ver a un tractorista y el ayudante, saludar a la distancia, con mucha fe.
En la casa de llegada, la mesa con la velita encendida estaba pronta para recibir la imagen. Cantamos, rezamos, escuchamos la palabra bíblica, compartimos el saludo de paz. Se reza por los vecinos, por la siembra, por los refugiados, por los misioneros que estuvieron antes y por los que van a venir.
Es increíble la memoria viviente histórica que tiene la gente de campo. Recuerdan a cada uno de los que estuvieron alguna vez. Me preguntan como están y en que andan. También a mi me hizo pensar que esta gente algún día recibieron la semilla de la fe, y que otras y otros acompañaron a que creciera.
 Me imaginaba alguna abuelita en el cielo, contenta de ver a su nieta, bisnieta misionando. Rece también por los curas y religiosas que estuvieron antes que yo, hoy me toca saborear el fruto que otras y otros sembraron.
Y ver  a esta gente joven que es parte viva de nuestra iglesia, que son verdaderamente misioneras. Haciendo de la oración un encuentro entre vecinas y un relacionarse mas allá de las que están, incluyendo a los seres queridos que están junto a Dios.
Y te cuentan con alegría, que mañana la caminata es de dos horas y medias, abrazada con la imagen. Para dar gracias a Dios por un embarazo que se demoro muchos años y los médicos decían que no era posible. Mañana la niña acompañara en bicicleta, tiene cinco años.
Y te cuentan que antes de ayer, rezaron en una casa por primera ves, una niña de cuatro años se levanto dos veces y se sentó junto ala velita encendida,  alado de la imagen, y la madre lo tomo como un signo de Dios, que la niña quería que ella se acercara a Dios y se sintiera perdonada.
Y te cuentan que rezaron por el muchacho desaparecido en el rio, y desean que toda madre tenga derecho a sepultar a su hijo, porque hasta que no lo encuentra siempre pensara que estará vivo. Y esto me hizo rezar por las y los que aún los andan buscando… Y te cuentan de la solidaridad de los pobres, de los pescadores, que dejaron tres días de pescar para dedicarse plenamente a colaborar junto al trabajo que a veces no se ve de la marina y la policía.
Y te cuentan de sus maridos en tiempo de siembra, haciendo jornales de más de diez horas. Hoy mucho mejor que en el tiempo de los abuelos, con mejor sueldo y mejor seguridad. Y te cuentan con orgullo de tener un esposo, un hijo, un yerno que trabaja produciendo alimento… aun que sonriendo dicen que la mayoría de los verdes se va para el otro lado de la frontera, o para la ciudad… ja ja.
Y te dicen como fue el invierno para llevar kilómetros a los hijos a la escuela. Te cuentan de temporales, barros, vientos, que hay que encender una velita para que no vuele el techo, o para cortar la tormenta. Y te dicen lo que es enfermarse en el campo. Lo que es ser maestra..
Mañana cuando vea el arroz en el plato, la carne, la verdura espero no olvidarme de agrade ralos que hacen posible llegue a mi mesa…
Amigos, esta gente los espera dentro de un mes… pero ya rezan por ustedes y por alguno que se quiera sumar… Se nos inspiraba hoy, la posibilidad de misionar con el niñito Jesús y si se pudiera hacer un pesebre vi viviente… no sería necesario cambiarse de ropa, ni decorar mucho un galpón… he ahí el misterio de nuestra fe, el lugar que eligió y sigue eligiendo para seguir naciendo nuestro Dios… Hoy estuve con él, era mujer de campo, niño, trabajador de arroz…

Nacho

jueves, 5 de noviembre de 2015

Encuentro Nacional de Comunidades Eclesiales de Base en Tacuarembó - FRUTOS

Hace 20 años en el anterior Encuentro Nacional de Comunidades Eclesiales de Base en Tacuarembó, esta familia me había recibido. 
Como acontece en la vida “el tiempo poda y da frutos nuevos”. El niño que tenía 10 años aquella vez, hoy nos recibió junto a su madre, su señora y sus dos hijos. Nos esperaban con la cama tendida, la ducha con toalla y jabón, el cuarto blanqueado,  la mesa con milanesa y dulce de durazno. Fue un rencuentro gratamente sorprendente, con una cena con el calor familiar.  Qué lindo !!!!!! Gracias. 

MATE  DE CASCARILLA, CON PAN CON MANTECA
LA OFRENDA DE LA VIUDA  (Marcos 12, 41-44)
En tiempos de búsquedas, de experiencias espirituales, aparecen miles de propuestas. Incluso dentro de una misma iglesia se puede encontrar un supermercado de ofertas.
Nosotros participamos en el “Encuentro Nacional de Comunidades de Base”, que es una propuesta de ser iglesia comunitaria con la palabra bíblica en el centro y el servicio como misión.
Los organizadores del encuentro en Tacuarembó, pidieron alojamiento para los que íbamos de visitantes. He ahí algo concreto de este modo de ser iglesia: la solidaridad que incluye a todos.
Se ofrecieron más de 500 familias, muchas de ellas practicantes de otras religiones, de todas las clases sociales.
Cuando compartimos la experiencia de ser acogidos, surgieron los sentimientos de alegría por la fraternidad y el cariño con el cual cada familia compartió lo mejor que tenía en alimentos y comodidades.
Maravillados quedamos al escuchar la experiencia de una compañera que fue recibida por una señora anciana. La cual la recibió en su casita, que contaba con una cama para la visita.
Sobre la dueña de casa, no sabemos si es divorciada, viuda o soltera. No sabemos si practicaba alguna religión. Por el relato siguiente quedara de manifiesto como es su situación económica y su corazón:
- Al llegar a su casa la abuela me esperaba con una sonrisa y un abrazo. Me hizo pasar a su casita de techo de chapa. Nos sentamos en la cocina. Nos presentamos entre sonrisas. Y me dijo ¿Cenamos? A lo que respondí afirmativamente, cansada y con hambre, después de un largo viaje desde la capital y un intenso día de encuentro, reflexión y celebración.
Entonces con un tono de voz muy humilde me ofreció lo que para ella era su cena: mate de cascarilla con pan con manteca. Por un momento quede sin palabras, sintiendo que esta mujer me estaba ofreciendo TODO LO QUE TENIA.
Este testimonio nos hace presente la encarnación del evangelio de Jesús, hoy en día entre nosotros: La ofrenda de la viuda. A mí personalmente me interpela: ¿estoy dispuesto a compartir todo lo que soy y todo lo que tengo?
Junto a la misericordia, la solidaridad es la expresión del amor del Dios en quien creo. Esta es una de las propuestas espirituales a elegir entre tantas, que no es mágica, es exigente y apuesta al buen vivir para todos, donde los más empobrecidos son los privilegiados y protagonistas.
Nacho