sábado, 31 de marzo de 2012

DOMINGO DE RAMOS, DE BENDICIONES

Una mamá indígena bendecía a su hijo recién nacido diciéndole en su idioma,
mirándolo a los ojos y acariciando sus manitos:



“eres bueno, sano y generoso
porque eres
un pedacito de nuestro dueño,
eres hermano de los hombres,
del pez, del pájaro, la urina,
y todo animal;

tu casa es nuestra casa, el patio,
el río, el monte;
tu camino es nuestro camino,
el viento, las estrellas, el sol”.

Lo mismo hacían sus abuelos, hermanos y primos cada día.
Palabras, miradas y caricias que se dan como bendición durante los primeros años de vida.
Que le van diciendo que es bueno, sano, generoso, hermano de todo ser vivo.
Desde el nacimiento escucha que toda la creación es su casa y que tiene un camino de vida con ciertas guías.

Conociendo esta costumbre indígena me toco recibir a un profesional que visitaba a esta comunidad. El cual expresaba miles de carencias materiales, en cuanto a salud y a educación formal que él veía, con la mirada de la ciudad de donde venía. Después de sus palabras, que también eran miradas y gestos que trasmitían cierta lastima, pena sobre los indígenas, le conté de la bendición que había aprendido de una abuela y que en ese mismo momento estaba dándole un niño a su hermanita de meses.

El forastero se contuvo en dar una respuesta apresurada y empezó a contemplar la vida que se estaba dando en el patio de aquella comunidad. No se veía violencia alguna, cada persona según su edad, sus dones estaba aportando algo en aquel grupo. Incluso una persona que le faltaba una pierna y un anciano había perdido la visión. Ambos desgranaban maíz tan sereno como la mujer que mateaba mientras la olla hervía a fuego lento, y los hombres que masticaban coca en círculo recibiéndonos como hermanos. Nadie se sentía más que nadie, y cada uno hacía lo que tenía que hacer en ese momento sintiéndose muy bien. Los animales eran parte de la comunidad cada uno en su lugar ya que cuando el perro se quiso echar en el cuero que juegan los niños, la mirada del abuelo y unas palabras lo enviaron hacía donde estaban los demás animales. La briza hacía del ambiente un lugar muy agradable y el sol entre las ramas nos cambiaba de luces que por momentos disfrutábamos y a veces nos pedía movernos a otro lado del patio.

Llegó la hora del almuerzo y el arroz con charque rebosaba los platos acompañado de mote (maíz cocido) para todos los visitantes en primer lugar...
Tiempo después este profesional de regreso en su ciudad nos escribió una linda carta contándonos de cuanta pobreza de bien, ternura, solidaridad, cuantos problemas ecológicos encontraba en su cultura llamada civilizada...

Agregaba que había comenzado por percibir la briza, disfrutar de los rayos de sol, contemplar las estrellas y se encontraba con muchas bendiciones. Agradecido por tener una madre en silla de ruedas que estaba viva y le contaba cuentos de cuando su padre le regalaba rosas...

Terminaba la carta diciendo que cada ves que veía un niño, especialmente los emigrantes africanos se acercaba y les daba la bendición que había aprendido:

“tu eres buenos, sano y generoso hijo del mismo Dios que el de mis hijos...”
 En la Pascua de ese año propuso en la mesa dar la bendición a todos los presentes, despertando risas pero creyendo que algo siempre queda...

Domingo de bendición de Ramos, comienzo de semana santa, creemos que aquel l rey que entró en un burrito a Jerusalén llamado Jesús de Nazaret nos dice que: por ser hijos de Dios venimos del bien, de la vida, la verdad, el amor y por lo tanto eso está dentro nuestro y de toda persona humana. Bendecirnos es regar lo que realmente somos y podar lo que la sociedad dañada nos ha rotulado.

Buena semana bendiciéndonos con palabras, miradas, caricias, con la naturaleza incluso con la lluvia si viene, y con todo lo que es gratuito y no se compra en el free shop, no se gana en el casino, ni se puede adquirir por internet.

Quien se siente bendecido bendice a los demás. Pero la bendición de Dios no se impone, debe ser aceptada y toda opción exige renuncias no se puede amar a Dios y a el dinero, al poder...
burika, Nacho

viernes, 30 de marzo de 2012

Diez consejos para los militantes de izquierda



Frei Betto 
Mantenga viva la indignación.
Verifique periódicamente si usted es realmente de izquierda. Adopte el criterio de Norberto Bobbio: la derecha considera la desigualdad social tan natural como la diferencia entre el día y la noche. La izquierda lo enfrenta como una aberración que debe ser erradicada.
Cuidado: usted puede estar contaminado por el virus social-demócrata, cuyos principales síntomas son usar métodos de derecha para obtener conquistas de izquierda y, en caso de conflicto, desagradar a los pequeños para no quedar mal con los grandes.
La cabeza piensa donde los pies pisan.
No se puede ser de izquierda sin "ensuciar" los zapatos allá donde el pueblo vive, lucha, sufre. Alégrate y comparte sus creencias y victorias. Teoría sin práctica es hacer el juego a la derecha.
No se avergüence de creer en el socialismo.
El escándalo de la Inquisición no hizo que los cristianos abandonaran los valores y las propuestas del Evangelio. Del mismo modo, el fracaso del socialismo en el este europeo no debe inducirlo a descartar el socialismo del horizonte de la historia humana. El capitalismo, vigente hace 200 años, fracasó para la mayoría de la población mundial.
Hoy somos 6.000 millones de habitantes. Según el Banco Mundial, 2,8 mil millones sobreviven con menos de US$ 2.00 por día. Y 1,2 mil millones, con menos de US$ 1.00 por día. La globalización de la miseria no es mayor gracias al socialismo chino que, a pesar de sus errores, asegura alimentación, salud y educación a 1,2 mil millones de personas.
Sea crítico sin perder la autocrítica.
Muchos militantes de izquierda cambian de lado cuando comienzan a buscar piojo en cabeza de alfiler. Apartados del poder, se tornan amargos y acusan a sus compañeros(as) de errores y vacilaciones. Como dice Jesús, vemos el polvo en el ojo del otro, pero no la viga en el propio ojo. Tampoco se enganchan para mejorar las cosas. Quedan como simples espectadores y jueces y, algunos, son captados por el sistema. La autocrítica no es sólo admitir los propios errores. Es admitir ser criticado por los compañeros y las compañeras.
Sepa la diferencia entre militante y "militonto".
"Militonto" es aquel que se jacta de estar en todo, participar en todos los eventos y movimientos, actuar en todos los frentes. Su lenguaje está lleno de explicaciones y los efectos de sus acciones son superficiales. El militante profundiza sus vínculos con el pueblo, estudia, reflexiona, medita; valora de forma determinada su área de actuación y actividades, valoriza los vínculos orgánicos y los proyectos comunitarios.
Sea riguroso en la ética de la militancia.
La izquierda actúa por principios. La derecha, por intereses. Un militante de izquierda puede perder todo, la libertad, el empleo, la vida. Menos la moral. Al desmoralizarse, desmoraliza la causa que defiende y representa. Le presta un inestimable servicio
a la derecha. Hay arribistas disfrazados de militante de izquierda. Es el sujeto que se engancha apuntando, en primer lugar, a su ascenso al poder. En nombre de una causa colectiva, busca primero sus intereses personales. El verdadero militante -como Jesús, Gandhi, Che Guevara- es un servidor, dispuesto a dar la propia vida para que otros tengan vida. No se siente humillado por no estar en el poder, u orgulloso al estar. Él no se confunde con la función que ocupa.
Aliméntese en la tradición de la izquierda.
Es preciso la oración para cultivar la fe, el cariño para nutrir el amor de la pareja, "volver a las fuentes" para mantener encendida la mística de la militancia. Conozca la historia de la izquierda, lea (auto)biografías, como el Diario del Che en Bolivia, y novelas como La madre, de Gorki, o Las uvas de la ira, de Steinbeck. 
Prefiera el riesgo de errar con los pobres a tener la pretensión de acertar sin ellos. 
Convivir con los pobres no es fácil. Primero, hay la tendencia de idealizarlos. Después, se descubre que entre ellos existen los mismos vicios encontrados en las demás clases sociales. Ellos no son mejores ni peores que los demás seres humanos. La diferencia es que son pobres, o sea, personas privadas injusta e involuntariamente de los bienes esenciales de la vida digna. Por eso estamos al lado de ellos. Por una cuestión de justicia. Un militante de izquierda jamás negocia los derechos de los pobres y sabe aprender con ellos.
Defienda siempre al oprimido, aunque aparentemente ellos no tengan razón.
Son tantos los sufrimientos de los pobres del mundo que no se puede esperar de ellos actitudes que tampoco aparecen en la vida de aquellos que tuvieron una educación refinada. En todos los sectores de la sociedad hay corruptos y bandidos. La diferencia es que, en la élite, la corrupción se hace con la protección de la ley y los bandidos son defendidos por mecanismos económicos sofisticados, que permiten que un especulador lleve una nación entera a la penuria. La vida es el don mayor de Dios. La existencia de la pobreza clama a los cielos.
No espere jamás ser comprendido por quien favorece la opresión de los pobres.
Haga de la oración un antídoto contra la alienación Orar es dejarse cuestionar por el Espíritu de Dios. Muchas veces dejamos de rezar para no oír el llamado divino que nos exige nuestra conversión, esto es, el cambio del rumbo en la vida.
Hablamos como militantes y vivimos como burgueses, acomodados en una cómoda posición
de jueces de quien lucha. Orar es permitir que Dios subvierta nuestra existencia, enseñándonos a amar así como Jesús amaba libremente.
*Fraile domínico, teólogo de la Teología de la liberación. En Agencia de Noticias
Prensa Ecuménica