domingo, 28 de junio de 2015

SIEMPRE ES POSIBLE VOLVER A EMPEZAR - Lagunazo de Julio en Lago Merín (18-19)


 Cuando éramos niños disfrutábamos de jugar a la luz de la luna.
Con los años alguien nos enseñó  que la luz de la luna era reflejo del gran sol.

Tres colibríes están en viaje hacia el corazón de América, donde los esperan en el Chaco Boliviano los hermanos guaraníes. Las primeras serán Mirta, Maribel, Paola…
Nahir, Gonzalo y Erik serán como la luna que nos reflejarán la vida, el saber y las luchas de estos hermanos de la Patria Grande. Llevando también el reflejo de nuestros abrazos, recuerdos y sueños.  
Este mismo fin de semana que fueron enviados desde  Lomas de  Solymar, por aquí por el Lago Merin  aprontamos la acogida a su regreso. Compartimos lo que ya tenemos invitándote a ti y a tus amigos, para que los amigos de los amigos se hagan amigos entre sí, para  que sabiendo lo que ya hay, veas lo que pueda faltar y puedas aportarlo con tu presencia.
  Algunos llegarán el viernes 17 de  noche a la casa común en la Laguna, donde ya los laguneros, riobranquenses, brasileros, melenses y olimareños están juntando frazadas  y se encargarán de preparar el almuerzo para el sábado a mediodía cuando llegará la mayoría.

De sobre mesa nos presentamos  y tempranito de la tarde realizaremos un retiro espiritual acompañados por Erik de Casabó junto a Roxana y Anibal de Flores.

La cena permitirá a los que tienen el carisma de la cocina ponerse el delantal que seguramente será animada por buena música y quizás hasta alguna chacarera...
El domingo peregrinamos al templo del mismo Lago para armar una gran mesa que será altar de la misa que celebraremos a las 11 de la mañana, mientras los porotos se cosen a fuego lento en la casa que nos ofrecieron los vecinos de enfrente.
El contenido del retiro del sábado nos reflejará  las palabras de Jesús que nos dice:
SIEMPRE ES POSIBLE  VOLVER A EMPEZAR.
Lo cual será un signo a celebrar los 25 años
 de Carmen y Waldir de caminar juntos, 
sumándose como es costumbre  los demás aniversarios, 
cumpleaños, luchas y proyectos que lleve cada uno.  
Entonces al regreso de la Misión los que fueron a Bolivia se reunirán con Jesús y nos contarán todo lo que han visto y hecho. Ese Jesús que nos dice a cada uno de nosotros: VENGAN USTEDES TODOS
 A UN LUGAR TRANQUILO
 PARA DESCANSAR UN POCO…
(Marcos 6,30-34)
Y de esa forma como bandada de  Colibríes 
 seguiremos tejiendo esta gran familia de la Patria Grande.
Reiteramos están todos invitados e invitadas a encontrarnos
 a la luz de la luna y del gran sol en Lago Merín   
 el fin de semana del 18 y 19 de julio de 2015.

jueves, 25 de junio de 2015

CREER EN LA ORACIÓN Y EN LA INTERCESIÓN

En algún momento de nuestra vida nos toca percibir que nuestro barco o el barco de un ser querido, “hace agua”. Que nuestros proyectos o sus proyectos “se hunden en medio de una tempestad que nos supera”. Ahí aparecen diferentes consejos y propuestas para superar la situación.
 Desde la palabra bíblica del fin de semana pasado reflexionábamos sobre el camino del discipulado que es: SER CONSCIENTE QUE CUANDO BUSCAMOS HACER LA VOLUNTAD DE DIOS, JESÚS SIEMPRE ESTARÁ EN NUESTRA BARCA JUNTO A NOSOTROS. “Cuando la tempestad casi hundía el barco… Jesús estaba en el mismo barco durmiendo… los discípulos lo tuvieron que despertar” (Marcos 4, 35 – 41) Pero que algunas veces será necesario que participemos despertándolo. Lo que da un sentido profundo en el camino de salvación a nuestra humilde oración que busca la participación directa de Dios en nuestro navegar en medio del “Mar- Mal”.

    
 La palabra bíblica de este fin de semana hace referencia a la relación con “las pequeñas muertes en la vida cotidiana” o “la muerte de algún ser querido”. La primera voz que se escucha es “Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?” Es decir que ya nada hay para hacer, ni siquiera la oración puede cambiar la situación de pérdida.
     
Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al padre: “No temas; basta que tengas fe.” “La niña no está muerta, está dormida”. Jesús entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y le dijo: Talitha qumi (que significa: contigo hablo, niña, levántate).(Marcos 5, 21-24. 35-43)

Vemos aquí, junto a la infinita misericordia, lo central de la buena noticia del Cristianismo: LA RESURRECCIÓN QUE VENCE LA MUERTE. Y que si tenemos Fe en Jesús, el nos hace capaces desde hoy de experimentarla.
     
Con Jesús tenemos la posibilidad de encontrar en situaciones donde “perdimos algo importante” DESCUBRIR EL CAMINO QUE DEBEMOS EMPRENDER, A PARTIR DE ESA EXPERIENCIA DE MUERTE, QUE NOS DARÁ UNA VIDA NUEVA.
     
Con fe en El podemos “despertar” a los seres queridos que han fallecido y unir nuestras manos con ellos, creyendo en que están vivos junto a Dios. Y desde Dios mismo y con El, nos darán una mano para seguir caminando por esta tierra hasta el encuentro definitivo después de nuestra propia muerte.
    
Entonces Dios a veces “se duerme” y la muerte “nos adormece a los seres queridos”.  Por lo tanto la propuesta cristiana es de ser personas de ORACIÓN, que dialogan con Dios y lo despiertan haciéndolo participe de la historia humana.
    
El cristianismo cree en la INTERCESIÓN de los santos, en la mano que pueden darnos las personas que amamos, de aquellos que ·duermen junto a Dios. Está en nosotros Creer en la oración y en la mano que nos pueden dar los que están junto a Dios. 

Nacho               

    

viernes, 19 de junio de 2015

EL ABUELO Y EL AGUA DE LA VERTIENTE

Muchas cosas habían cambiado en la casa de campo, nuevas costumbres existían en la familia que la habitaba. La mejora de los caminos, la llegada de la luz eléctrica y el agua potable había transformado el lugar y su gente.

En poco tiempo se podía llegar a la ciudad. Por las noches había posibilidad de encender la luz. Ya no había necesidad de prender el carro a la yegua vieja para traer el barril lleno de agua de la vertiente.

Para el abuelo había algo que cambió: El gusto por el agua dulce de la cachimba. Cada día caminaba hacia el bajo, bebía de la misma fuente y con mucho orgullo traía a la mesa una jarra con el agua natural. A nadie le llamaba la atención que esto sucediera, hijos, yernos, nueras, compadres, nietos y amigos se habían acostumbrado a calmar la sed con aquel agua.

El tiempo pasa para todos y en un frió invierno el abuelo se quedaba en casa y eran otros los que diariamente se turnaban para que no faltara el agua en la mesa familiar.
Sorpresivamente en el verano, comenzaron los comentarios de que el sabor del agua había cambiado. Quienes iban a buscarla decían que la vertiente estaba muy sucia. Entonces un día se decidió no traer más agua de la cachimba.

La vida de los hombres siempre se ha adaptado a los cambios realizados en la historia humana. Todo continuó igual en la vida familiar, los trabajos y descansos. Llamaba la atención y preocupaba que el abuelo estuviera envuelto en un sentimiento de tristeza.

Hasta que un día, alguien en vez de decir palabras de estimulo al abuelo, decidió preguntar y escuchar que le pasaba. Y este después de un largo silencio expreso el deseo de que volviera el agua del manantial a la mesa familiar. Alguien quiso complacerlo y se dirigió al bajo con una jarra. Regresando rápidamente con la noticia de que el agua estaba en mal estado.

El abuelo con dificultad se puso de pie diciendo: “Vamos a limpiarlo” fue tan firme su movimiento y el tono de su voz que nadie dudó en lo que había que hacer… y todos caminaron hacia el bajo a limpiar la vertiente.

Dicen que llevó su tiempo, cortar las chilcas, sacar piedras, barro, e incluso vaciar el pozo del agua sucia, que al removerla desprendía un olor desagradable. Siempre hay alguno con poca fe o falta de tiempo que abandonó la tarea a mitad de jornada diciendo que era una pérdida de tiempo. 
Desesperanzado agregaba que ya el agua no volvería a ser la de antes.

Los que perseveraron, 
ya sea por complacer el abuelo
 o por el deseo de volver a beber de aquel agua dulce,
 regresaron a la mañana siguiente de la limpieza del pozo
 y lo encontraron por la mitad de agua. 
Estaba cristalina, fresca y dulce. 
Cuentan que bebieron como personas sedientas por mucho tiempo.

Lo mejor de todo fue ser testigos de la mirada, la sonrisa del abuelo cuando vio la jarra del agua de la vertiente en el centro de la mesa.
Aquello de ir cada día a buscar el agua a la cachimba, y cada tanto hacer una limpieza total del pozo, se transformó en un rito de la familia.

Muchas cosas siguieron cambiando en las costumbres familiares y en lo material, pero ninguna de ella sustituyó el agua dulce y natural que manaba y se daba desde la misma madre tierra.
Los mayores, señalando la foto del abuelo con una sonrisa, su bastón y sombrero junto al fogón a leña, trasmitían a los más pequeños y a las visitas la razón de la felicidad del sabio anciano.
Siguieron cambiando los caminos, los medios de trasporte, las costumbres y los niños se hacían mayores y después abuelos. Pero hasta el día de hoy se enseña a buscar el agua de la vertiente. Que cada tanto necesita hacerle una buena limpieza y ponerla en el centro de mesa para todos.

¿Cómo está de limpia nuestra cachimba?
¿Es dulce el agua de nuestra vertiente?
¿Nos hacemos tiempo para descender hasta ella,
 beber de su agua
 y cada tanto limpiarla afondo?
Nacho

La Carta Magna de la ecología integral: grito de la Tierra-grito de los pobres

Antes de hacer cualquier comentario vale la pena resaltar algunas singularidades de la encíclica Laudato sí del Papa Francisco.
Es la primera vez que un Papa aborda el tema de la ecología en el sentido de una ecología integral (por tanto que va más allá de la ambiental) de forma tan completa. Gran sorpresa: elabora el tema dentro del nuevo paradigma ecológico, cosa que ningún documento oficial de la ONU ha hecho hasta hoy. Fundamenta su discurso con los datos más seguros de las ciencias de la vida y de la Tierra. Lee los datos afectivamente (con inteligencia sensible o cordial), pues discierne que detrás de ellos se esconden dramas humanos y mucho sufrimiento también por parte de la madre Tierra. La situación actual es grave, pero el Papa Francisco siempre encuentra razones para la esperanza y para confiar en que el ser humano puede encontrar soluciones viables. Enlaza con los Papas que le precedieron, Juan Pablo II y Benedicto XVI, citándolos con frecuencia. Y algo absolutamente nuevo: su texto se inscribe dentro de la colegialidad, pues valora las contribuciones de decenas de conferencias episcopales del mundo entero, desde la de Estados Unidos a la de Alemania, la de Brasil, la de la Patagonia-Comahue, la del Paraguay. Acoge las contribuciones de otros pensadores, como los católicos Pierre Teilhard de Chardin, Romano Guardini, Dante Alighieri, su maestro argentino Juan Carlos Scannone, el protestante Paul Ricoeur y el musulmán sufí Ali Al-Khawwas. Los destinatarios somos todos los seres humanos, pues todos somos habitantes de la misma casa común (palabra muy usada por el Papa) y sufrimos las mismas amenazas.
El Papa Francisco no escribe en calidad de Maestro y Doctor de la fe sino como un Pastor celoso que cuida de la casa común y de todos los seres, no sólo de los humanos, que habitan en ella.
Un elemento merece ser destacado, pues revela la «forma mentis» (la manera de organizar su pensamiento) del Papa Francisco. Este es tributario de la experiencia pastoral y teológica de las iglesias latinoamericanas que a la luz de los documentos del episcopado latinoamericano (CELAM) de Medellín (1968), de Puebla (1979) y de Aparecida (2007) hicieron una opción por los pobres contra la pobreza y a favor de la liberación.
El texto y el tono de la encíclica son típicos del Papa Francisco y de la cultura ecológica que ha acumulado, pero me doy cuenta de que también muchas expresiones y modos de hablar remiten a lo que viene siendo pensado y escrito principalmente en América Latina. Los temas de la «casa común», de la «madre Tierra», del «grito de la Tierra y del grito de los pobres», del «cuidado», de la «interdependencia entre todos los seres», de los «pobres y vulnerables», del «cambio de paradigma», del «ser humano como Tierra» que siente, piensa, ama y venera, de la «ecología integral» entre otros, son recurrentes entre nosotros.
La estructura de la encíclica obedece al ritual metodológico usado por nuestras iglesias y por la reflexión teológica ligada a la práctica de liberación, ahora asumida y consagrada por el Papa: ver, juzgar, actuar y celebrar.
Comienza revelando su principal fuente de inspiración: San Francisco de Asís, al que llama «ejemplo por excelencia de cuidado y de una ecología integral, y que mostró una atención especial por los más pobres y abandonados» (n.10; n.66).
Y entonces empieza con el ver: «Lo que le está pasando a nuestra casa» (nn.17-61). Afirma el Papa: «basta mirar la realidad con sinceridad para ver que hay un gran deterioro de nuestra casa común» (n.61). En esta parte incorpora los datos más consistentes referentes a los cambios climáticos (nn.20-22), la cuestión del agua (n.27-31), la erosión de la biodiversidad (nn.32-42), el deterioro de la calidad de la vida humana y la degradación de la vida social (nn.43-47), denuncia la alta tasa de iniquidad planetaria, que afecta a todos los ámbitos de la vida (nn.48-52), siendo los pobres las principales víctimas (n. 48).
En esta parte hay una frase que nos remite a la reflexión hecha en América Latina: «Pero hoy no podemos dejar de reconocer que un verdadero planteo ecológico se convierte siempre en un planteo social, que debe integrar la justicia en las discusiones sobre el ambiente, para escuchar tanto el grito de la Tierra como el grito de los pobres» (n.49). Después añade: «el gemido de la hermana Tierra se une al gemido de los abandonados del mundo» (n.53). Esto es absolutamente coherente, pues al principio ha dicho que «nosotros somos Tierra» (n. 2; cf. Gn 2,7), muy en la línea del gran cantor y poeta indígena argentino Atahualpa Yupanqui: «el ser humano es Tierra que camina, que siente, que piensa y que ama».
Condena la propuesta de internacionalización de la Amazonia que «solamente serviría a los intereses económicos de las multinacionales» (n.38). Hace una afirmación de gran vigor ético: «es gravísima iniquidad obtener importantes beneficios haciendo pagar al resto de la humanidad, presente y futura, los altísimos costos de la degradación ambiental» (n.36).
Con tristeza reconoce: «nunca habíamos maltratado y lastimado a nuestra casa común como en los dos últimos siglos» (n.53). Frente a esta ofensiva humana contra la madre Tierra que muchos científicos han denunciado como la inauguración de una nueva era geológica –el antropoceno– lamenta la debilidad de los poderes de este mundo que, engañados, «piensan que todo puede continuar como está» como coartada para «mantener sus hábitos autodestructivos» (n.59) con «un comportamiento que parece suicida» (n.55).
Prudente, reconoce la diversidad de opiniones (nn.60-61) y que «no hay una única vía de solución» (n.60). Así y todo «es cierto que el sistema mundial es insostenible desde diversos puntos de vista porque hemos dejado de pensar en los fines de la acción humana» (n.61) y nos perdemos en la construcción de medios destinados a la acumulación ilimitada a costa de la injusticia ecológica (degradación de los ecosistemas) y de la injusticia social (empobrecimiento de las poblaciones). La humanidad simplemente «ha defraudado las expectativas divinas» (n.61).
El desafío urgente, entonces, consiste en «proteger nuestra casa común» (n.13); y para eso necesitamos, citando al Papa Juan Pablo II: «una conversión ecológica global» (n.5); «una cultura del cuidado que impregne toda la sociedad» (n.231).
Realizada la dimensión del ver, se impone ahora la dimensión del juzgar. Juzgar que es planteado en dos vertientes, una científica y otra teológica.
Veamos la científica. La encíclica dedica todo el tercer capítulo al análisis «de la raíz humana de la crisis ecológica» (nn.101-136). Aquí el Papa se propone analizar la tecnociencia sin prejuicios, acogiendo lo que ha traído de «cosas realmente valiosas para mejorar la calidad de vida del ser humano» (n. 103). Pero este no es el problema, sino que se independizó, sometió a la economía, a la política y a la naturaleza en vista de la acumulación de bienes materiales (cf.n.109). La tecnociencia parte de una suposición equivocada que es la «disponibilidad infinita de los bienes del planeta» (n.106), cuando sabemos que ya hemos tocado los límites físicos de la Tierra y que gran parte de los bienes y servicios no son renovables. La tecnociencia se ha vuelto tecnocracia, una verdadera dictadura con su lógica férrea de dominio sobre todo y sobre todos (n.108).
La gran ilusión, hoy dominante, reside en creer que con la tecnociencia se pueden resolver todos los problemas ecológicos. Esta es una idea engañosa porque «implica aislar las cosas que están siempre conectadas» (n.111). En realidad, «todo está relacionado» (n.117) «todo está en relación» (n.120), una afirmación que recorre todo el texto de la encíclica como un ritornelo, pues es un concepto-clave del nuevo paradigma contemporáneo. El gran límite de la tecnocracia está en el hecho de «fragmentar los saberes y perder el sentido de totalidad» (n.110). Lo peor es «no reconocer el valor propio de cada ser e incluso negar un valor peculiar al ser humano» (n.118).
El valor intrínseco de cada ser, por minúsculo que sea, está destacado de manera permanente en la encíclica (n.69), como lo hace la Carta de la Tierra. Negando ese valor intrínseco estamos impidiendo que «cada ser comunique su mensaje y dé gloria a Dios» (n.33).
La mayor desviación producida por la tecnocracia es el antropocentrismo. Este supone ilusoriamente que las cosas solo tienen valor en la medida en que se ordenan al uso humano, olvidando que su existencia vale por sí misma (n.33). Si es verdad que todo está en relación, entonces «nosotros los seres humanos estamos juntos como hermanos y hermanas y nos unimos con tierno cariño al hermano sol, a la hermana luna, al hermano río y a la madre Tierra» (n.92). ¿Cómo podemos pretender dominarlos y verlos bajo la óptica estrecha de la dominación?
Todas las «virtudes ecológicas» (n.88) se pierden por la voluntad de poder como dominación de los otros y de la naturaleza. Vivimos una angustiante «pérdida del sentido de la vida y del deseo de vivir juntos» (n.110). Cita algunas veces al teólogo ítalo-alemán Romano Guardini (1885-1968), uno de los más leídos a mediados del siglo pasado, que escribió un libro crítico contra las pretensiones de la modernidad (n.105 nota 83: Das Ende der Neuzeit, El ocaso de la Edad Moderna, 1958).
La otra vertiente del juzgar es de corte teológico. La encíclica reserva un buen espacio al «Evangelio de la Creación» (nn. 62-100). Parte justificando el aporte de las religiones y del cristianismo, pues siendo la crisis global, cada instancia debe, con su capital religioso, contribuir al cuidado de la Tierra (n.62). No insiste en las doctrinas sino en la sabiduría presente en los distintos caminos espirituales. El cristianismo prefiere hablar de creación en vez de naturaleza, pues la «creación tiene que ver con un proyecto de amor de Dios» (n.76). Cita, más de una vez, un bello texto del libro de la Sabiduría (11,24) donde aparece claro que «la creación pertenece al orden del amor» (n.77) y que Dios es “el Señor amante de la vida” (Sab 11,26).
El texto se abre a una visión evolucionista del universo sin usar esa palabra, hace un circunloquio al referirse al universo «compuesto por sistemas abiertos que entran en comunión unos con otros» (n.79). Utiliza los principales textos que ligan a Cristo encarnado y resucitado con el mundo y con todo el universo, haciendo sagrada la materia y toda la Tierra (n.83). Y en este contexto cita a Pierre Teilhard de Chardin (1881-1955, n.83 nota 53) como precursor de esta visión cósmica.
El hecho de que Dios-Trinidad sea relación de divinas Personas tiene como consecuencia que todas las cosas en relación sean resonancias de la Trinidad divina (n.240).
Citando al Patriarca Ecuménico de la Iglesia ortodoxa, Bartolomeo «reconoce que los pecados contra la creación son pecados contra Dios» (n.7). De aquí la urgencia de una conversión ecológica colectiva que rehaga la armonía perdida.
La encíclica concluye esta parte acertadamente: «el análisis mostró la necesidad de un cambio de rumbo… debemos salir de la espiral de autodestrucción en la que nos estamos hundiendo» (n.163). No se trata de una reforma, sino, citando la Carta de la Tierra, de buscar «un nuevo comienzo» (n.207). La interdependencia de todos con todos nos lleva a pensar «en un solo mundo con un proyecto común» (n.164).
Ya que la realidad presenta múltiples aspectos, todos íntimamente relacionados, el Papa Francisco propone una “ecología integral” que va más allá de la ecología ambiental a la que estamos acostumbrados (n.137). Ella cubre todos los campos, el ambiental, el económico, el social, el cultural y también la vida cotidiana (n.147-148). Nunca olvida a los pobres que testimonian también su forma de ecología humana y social viviendo lazos de pertenencia y de solidaridad de los unos con los otros (n.149).
El tercer paso metodológico es el actuar. En esta parte, la encíclica se atiene a los grandes temas de la política internacional, nacional y local (nn.164-181). Subraya la interdependencia de lo social y de lo educacional con lo ecológico y constata lamentablemente las dificultades que trae el predominio de la tecnocracia, dificultando los cambios que refrenen la voracidad de acumulación y de consumo, y que puedan inaugurar lo nuevo (n.141). Retoma el tema de la economía y de la política que deben servir al bien común y a crear condiciones para una plenitud humana posible (n.189-198). Vuelve a insistir en el diálogo entre la ciencia y la religión, como viene siendo sugerido por el gran biólogo Edward O. Wilson (cf. el libro La creación: cómo salvar la vida en la Tierra, 2008). Todas las religiones «deben buscar el cuidado de la naturaleza y la defensa de los pobres» (n.201).
Todavía en el aspecto del actuar desafía a la educación en el sentido de crear una «ciudadanía ecológica» (n.211) y un nuevo estilo de vida, asentado sobre el cuidado, la compasión, la sobriedad compartida, la alianza entre la humanidad y el ambiente, pues ambos están umbilicalmente ligados, la corresponsabilidad por todo lo que existe y vive y por nuestro destino común (nn.203-208).
Finalmente, el momento de celebrar. La celebración se realiza en un contexto de «conversión ecológica» (n.216) que implica una «espiritualidad ecológica» (n.216). Esta se deriva no tanto de las doctrinas teológicas sino de las motivaciones que la fe suscita para cuidar de la casa común y «alimentar una pasión por el cuidado del mundo» (216). Tal vivencia es antes una mística que moviliza a las personas a vivir el equilibrio ecológico, «el interior consigo mismo, el solidario con los otros, el natural con todos los seres vivos y el espiritual con Dios» (n.210). Ahí aparece como verdadero que «lo menos es más» y que podemos ser felices con poco.
En el sentido de la celebración «el mundo es algo más que un problema a resolver, es un misterio gozoso que contemplamos con jubilosa alabanza» (n.12).
El espíritu tierno y fraterno de San Francisco de Asís atraviesa todo el texto de la encíclica Laudato sí. La situación actual no significa una tragedia anunciada, sino un desafío para que cuidemos de la casa común y unos de otros. Hay en el texto levedad, poesía y alegría en el Espíritu e indestructible esperanza en que si grande es la amenaza, mayor aún es la oportunidad de solución de nuestros problemas ecológicos.
Termina poéticamente “Más allá del sol”, con estas palabras: «Caminemos cantando. Que nuestras luchas y nuestra preocupación por este planeta no nos quiten la alegría de la esperanza» (n.244).
Me gustaría acabar con las palabras finales de la Carta de la Tierra que el mismo Papa cita (n.207): «Que nuestro tiempo se recuerde por despertar a una nueva reverencia ante la vida, por la firme resolución de alcanzar la sostenibilidad, por acelerar la lucha por la justicia y la paz, y por la alegre celebración de la vida».
Leonardo Boff, teólogo y ecólogo
Traducción de Mª José Gavito Milano

jueves, 18 de junio de 2015

¿ CUANDO ES EL MEJOR TIEMPO PARA EL CAMBIO ?

Todo lo que está VIVO está en un continuo CAMBIO.
 A veces no somos nosotros los que decidimos el cambio
 y otras veces podemos participar de las transformaciones.

«…Cambia lo superficial 
Cambia también lo profundo 
Cambia el modo de pensar 
Cambia todo en este mundo
… Cambia el pelaje la fiera 
Cambia el cabello el anciano 
Y así como todo cambia 
Que yo cambie no es extraño…»

     También Jesús invitó a CAMBIAR a sus discípulos.
 Les propuso dejar la tierra firme, 
donde la situación estaba bastante bien, 
PARA IR A LA OTRA ORILLA 
enfrentando las tormentas del camino.

Un día, al atardecer dijo Jesús a sus discípulos: 
- «Vamos a la otra orilla.»
Dejando a la gente, se fueron en una barca y otras barcas lo acompañaban.    Se levantó un fuerte huracán  y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Él estaba a popa, dormido sobre un almohadón. 
Lo despertaron, diciéndole:
 - «Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?
Se puso en pie, increpó al viento y dijo al lago: 
- ¡Silencio, cállate!
El viento cesó y vino una gran calma. 
Él les dijo: 
- ¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?
Se quedaron espantados y se decían unos a otros: 
- ¿Pero quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!» 
                            (Marcos 4,35-40)

A veces en los malos momentos se nos ocurre, realizar cambios en lo familiar, en las amistades, en la pareja, en lo laboral… según San Ignacio de Loyola es del «mal espíritu» tomar decisiones importantes cuando estamos desolados, lo que nos dará como resultado un desacierto.
  Hay que esperar que las aguas vuelvan a su cauce, y cuando estamos bien, es que tenemos que estar atentos a que la suave briza del «buen espíritu» nos pueda guiar a cambios de lugar o de relación.
  Porque a donde vayamos,
 encontraremos algo de lo que dejamos. 
Si vamos desconsolados 
 no tendremos la fuerza para superar las tormentas,
 entonces nos hundiremos o nos volveremos atrás.
 En cambio si damos el paso de cambio, 
con buen tiempo,
 con la certeza de que es Voluntad de Dios,
 cuando aparezcan los inconvenientes, 
con Jesús podremos llegar a buen puerto.
Nacho

miércoles, 17 de junio de 2015

El "vacio" es potencialidad


Hace unos días fuimos con Mateo al monasterio "La Pascua" de los benedictinos, donde nos recibió Jorge y también conocimos un amigo que casualmente es de nuestros pagos de Dolores. Las casualidades no existen dicen por ahí, quien sabe, también dicen que la vida en el universo se creo por puro azar.

Lo cierto es que nos tomamos un tiempito con Mateo para visitar un lugar que está muy cerca pero que es muy diferente a la ciudad, donde se respira mucha naturaleza y tranquilidad, ideal para encontrarse con uno mismo y con Dios. El tema del tiempo y como aprovecharlo últimamente está más presente, sobre todo para los que vivimos "en la rosca" que la ciudad capital propone.


Al rezar antes de comer, leímos un texto de un benedictino que a mi me quedó la frase: el vacío es fuente de toda potencialidad, donde están todas las posibilidades de creación. Mateo recordaba el cuento de los pozos, aquel que nombraba una ciudad donde los habitantes eran pozos y un día vino la moda de preocuparse mucho por llenarse el interior, y cada pozo empezó a meter y meter cosas, hasta que se taparon los pozos y perdieron la capacidad de brindar agua. Cuando nos llenamos de cosas, perdemos la capacidad de brindarnos, dejamos de tener tiempo, "nos han robado el tiempo" decía Jorge.

En este tiempo "estar vacío" es un gran escándalo. Oscar (nuestro amigo doloreño) decía que las cosas que lo hacen ser quien es, no son los pocos sí que ha dicho, sino más bien los muchos "NO" que tuvo que responder a lo que le han ido proponiendo. Quizás el secreto esté en vaciarnos primero para construirnos después, está bueno verse vacío porque todo es posible de nuevo, de diferente manera. Decía también Jorge, en un casa donde a los jóvenes les daban todo se quejaban de que igual no venían, tendrían que probar dándoles menos y quizás se queden.

Al monasterio fuimos a aprender, fuimos como pozos vacíos que quieren llenarse de sabiduría, que sobra en ese lugar. Puede que pronto tengamos unos ricos pancitos caseros para degustar en el horno de barro.

martes, 16 de junio de 2015

Peligro de incendio

“No faltemos a la cita de producir chispas, porque cada una de ellas encierra peligro de incendio”. Cuando nos sentirnos vencidos por el desaliento, es bueno recordar que el solo esfuerzo ya es en sí mismo una victoria, que la paciencia todo lo alcanza, que los pequeños actos producen fruto, como las chispas son siempre promesa de fuego."


Hay momentos -como el actual- en los que no solo la causa del bien no parece avanzar, sino al revés, en que el abuso, la corrupción, la avaricia, la violencia, las traiciones y la oscuridad parecen dominar muchos ámbitos de la vida social; momentos en que abundan los que desertan, abandonan las banderas, se resguardan y acomodan.
Nada hay más duro que sentir que nuestras esperanzas se debilitan, que no percibir un camino claro por el que apostar, ni líderes capaces de conducirnos, o guías espirituales creíbles y sabios. Da la impresión que nos vamos quedando solos, inermes, desmoralizados.
En momentos así, además de todo lo que hay que hacer con otros, orgánicamente, importa no perder la lucha íntima contra el desencanto. Para ello, proponemos recurrir a la sabiduría más básica para enfrentar períodos difíciles; aferrarse a aquello a lo que no se puede renunciar a riesgo de pasar a engrosar la fila de los tibios desgastados por la desilusión, de los sarcásticos agriados por el resentimiento, o de los exasperados dominados por la ira.
Y para esto nada mejor que repasar las lecciones que nos legaron esos hombres que en el pasado reciente lucharon fielmente en causas que, en su tiempo, a muchos les debieron parecer perdidas de antemano.

Mantener la frescura del empeño


gandhi
Mahatma Gandhi

En los últimos tiempos nos hemos ido dando cuenta de que el éxito nunca está asegurado en ningún empeño humano – el éxito entendido como el logro total de las metas que nos proponemos. Por este motivo han surgido voces que sugieren cambiar el modo de entender el éxito. En lugar de apostar por el logro de los objetivos, se aconseja apostar por hacer nuestro mejor esfuerzo, con total empeño, sin desalentarse por las dificultades, manteniendo una larga fidelidad a los sueños que animan. Esto lo sabía muy bien Gandhi, quien nos dijo: “El esfuerzo total es una victoria completa”.
Hay que empeñarse en mantener la frescura de nuestros esfuerzos para que la pátina de los fracasos y desengaños no llegue a minar nuestros logros de victoria completa. Simultáneamente, hay que tener lucidez sobre la modestia de nuestro aporte, tal como el mismo Gandhi agregó: “Hagas lo que hagas en esta vida será insignificante, pero es muy importante que lo hagas, porque nadie más lo hará”.

Seguir la senda de los “bienes” humanos


king
Martin Luther King

El bien de nuestra humanidad en verdad se traduce en unos cuantos “bienes” que nos construyen, nos renuevan y nos hacen felices. En tiempos difíciles se hace más necesario que nunca vivir siguiendo la senda de esos bienes, que después de todo no son tantos. Se trata de hacer espacio cotidianamente en nuestra vida a la verdad, el amor, la justicia, la libertad, la sabiduría, la bondad y la belleza, como la senda que nos lleva a tocar el bien personal y el bien de la humanidad. No hay que distraerse en este camino. Lo sabía muy bien Martin Luther King, quien nos dijo: “Siempre es el momento apropiado para hacer lo correcto”.

Educarse en la paciencia

El conflicto entre la urgencia de nuestros sueños u objetivos y el temor a que la espera nos haga olvidarlos, se resuelve con esa notable sabiduría que es la paciencia, que no es otra cosa que ser capaces de administrar la urgencia con habilidades psico-ético- espirituales. Entre otras habilidades, la capacidad de tolerar la frustración, de asimilar los fracasos, de tener fortaleza ante las dificultades, de recuperarse en las derrotas, de perdonar y perdonarse, de tener lucidez para respetar los procesos y sensibilidad para reconocer las señales que nos muestran la necesidad de redefinir nuestros objetivos o estrategias, o de cambiar el modo de ver y actuar.

mandela
Nelson Mandela

A medida que transcurre el tiempo nos sigue inspirando la vida de Nelson Mandela, que pasó treinta años encarcelado, tiempo que aprovechó para afinar las habilidades de la espera, como él mismo nos señaló: “La prisión es una tremenda educación en la paciencia y la perseverancia.”Toda demora en los sueños o las metas es un tiempo para desplegar la sabiduría de la paciencia y sus habilidades asociadas.
El poeta griego Alekos Panagoulis (1939 -1976) nos recordó: “Toda chispa es promesa de fuego. Hay millones de chispas. Alguna de ellas encenderá el fuego.” Escribió esto para advertirnos que hay motivos para tener esperanza, porque siempre hay semillas que pueden hacer fructificar los sueños. No faltemos a la cita de producir chispas, porque cada una de ellas encierra peligro de incendio.

Ana María Díaz

Fuente: http://www.viviragradecidos.org/peligro-de-incendio/

jueves, 11 de junio de 2015

Meditando con Gandhi El Arte de la No Violencia

IGUALDAD DE POSIBILIDADES
«Mi concepto de democracia consiste en que el más débil debe tener las mismas oportunidades que el más fuerte. Esto jamás puede lograrse salvo mediante la no violencia». 
  Lo que significa que cuando hay desigualdad de oportunidades, el que tiene más esta violentando al que tiene menos, y generalmente el que recibió menos posibilidades va a reaccionar con violencia, por la violencia recibidera.
  Quienes se enriquecen con la violencia, fomentan la desigualdad. La cual consume defensa y ataque,  para defender lo que cree es suyo, o para lograr lo que cree que le corresponde.
  Los poderosos ponen solo la mirada en la violencia domestica, en la violencia callejera, ocultando la violencia estructural de desigual-dad, que es la raíz de todas las violencia. Y el pueblo es violentado con una información focalizada que protege a los padres de la violencia, justificando incluso la violencia contra los que fueron violentados desde su niñez por la injusta distribución de bienes y posibilidades.

TOLERANCIA MUTUA, DIALOGANTE
  «La regla complementaria de la búsqueda de la igualdad de posibilidades es la conducta es la tolerancia mutua, en razón de que nunca pensaremos todos de la misma manera y siempre veremos la Verdad fragmentariamente y desde distintas perspectivas.Las diferencias de opinión nunca deben significar hostilidad. Si así fuera, mi mujer y yo hubiéramos sido enemigos irreconciliables. No conozco, en el mundo, dos personas que no sostengan opiniones distintas. Estoy absolutamente convencido de que ningún hombre pierde su libertad sino por su propia debilidad. El verdadero demócrata es aquel que valiéndose de medios exclusivamente no violentos defiende su libertad y, por lo tanto, la de su patria y, en última instancia, la del género humano». 
   El dialogo es el camino de la no violencia. Cuando no hay tiempo para dialogar, o cuando se cree que a nada se llegara dialogando, cuan-do alguna parte se cree dueña de la verdad y no es capaz de dar razones dialogando, nos aproximamos a la encrucijada de algún tipo de violencia. Los muros, las rejas, que nos separan en el ámbito familiar o social son impedimentos para el dialogo. Nos separamos, separamos a nuestros hijos, separamos las clases sociales y buscamos ciertos privilegios para defendernos creyéndonos mejores, y ahí creamos estructuras de violencia, que despertaran violencia contra, o de parte de,  los que consideramos distintos.

MUJERES Y VARONES  CON EL MISMO ESPÍRITU
«Según mi opinión, de la misma manera en que hombre y mujer son fundamentalmente uno, en esencia también sus problemas deben ser uno. En ambos el espíritu es el mismo. Ambos viven la misma vida, tienen idénticos sentimientos. Ninguno de los dos puede vivir sin la activa ayuda del otro.  Pero de múltiples maneras el hombre ha dominado a la mujer desde épocas remotas y así se ha creado en la mujer un complejo de inferioridad. Pero los profetas de la humanidad le han reconocido su igual. 
Si yo hubiera nacido mujer, me habría rebela-do contra cualquier pretensión del hombre de que la mujer ha nacido para ser de su uso. Mentalmente me he transformado en mujer para penetrar en su corazón. No pude penetrar en el corazón de mi mujer hasta que no me decidí a tratarla de manera diferente de la que acostumbraba, y de ese modo le devolví todos sus derechos despojándome de todos los supuestos derechos que me concedía mi condición de marido. La mujer debe dejar de considerarse a sí misma el objeto de la lujuria masculina. La solución está más en sus manos que en las del hombre...»
  La igualdad no está en que la mujeres se hagan igual al hombre, porque lo central del la vida humana no es ser una exitosa jugadora de futbol, por ejemplo. Nos parece inhumano cuando en alguna cultura se mataba a los nacidos mujer o se los tenía como hijos de segunda, pero hoy en día con el fútbol y ciertos estereotipos culturales donde «los más fuertes son los más exitosos», muchos padre repiten la misma violencia de preferir o desear a un hijo futbolero, sobre una hijo o una hija que realice otra actividad.
   Somos diferentes en los cuerpos, pero iguales en espíritu. Si solo valoramos lo corporal, existirán siempre cuerpos superiores a otros, ya sea por la fuerza, capacidad o belleza.
            Si nos descubrimos como seres con cuerpo y espíritu, comprobaremos que el espíritu es uno. Por lo tanto la violencia contra otro, será también contra mí mismo, y si ayudo a crecer al otro, también yo crezco.
La grandeza de un hombre no se mide por su estar «sobre otro», su grandeza está en la capacidad de elevar al otro hasta considerarlo semejante.
Una sociedad que crece en la violencia, elimina o deforma lo espiritual, endiosando lo corporal. Y por lo tanto el cuerpo de la mujer y de los más débiles es objeto de consumo. Desarrollar los dos elementos el corporal y espiritual,  es verdadera-mente hacerse, y hacer al otro persona.

LA SOBRIEDAD NOS HACE LIBRES
«Debiéramos avergonzarnos de descansar o de disponer de una comida completa mientras haya un hombre o una mujer físicamente apto sin trabajo o sin alimento. Le es permitido al mundo...reírse de mí porque me desprendo de toda propiedad.  Para mí ese desprendimiento ha sido una ganancia positiva. Me agradaría que la gente compitiera conmigo en mi satisfacción. Es el más valioso tesoro que poseo. Por lo tanto acaso sería válido afirmar que aunque predico la pobreza soy un hombre rico. Para el pobre lo económico es lo espiritual. No se puede ofrecer otro estímulo a esas multitudes hambrientas. Les resultaría indiferente. Pero si les entregáis alimentos os considerará su Dios. Son incapaces de ningún otro pensamiento».
  Por eso muchas veces se utiliza el dar, para poseer al otro. El camino de la no violencia en cuanto a lo económico, no es querer que todos tengan lo mucho que yo puedo tener. Primero que eso es imposible, porque cuando tenemos sobrantes es porque hay otros en falta, entonces nunca podríamos hacer que todos pudieran tener para derrochar.
  El camino de la no violencia
es la sobriedad,
que es la máxima solidaridad.
  Una persona austera no es un ladrón. Esta actitud ante las cosas,  es realmente justa, y ade-más no hace libres. Por el contrario, quien se esclaviza de sus bienes superfluos o de sus graneros acumulados, siempre va a estar dispuesto a recurrir a la violencia pera defender lo que lo hace ser.

NO A LA LUCHA DE CLASES
«Aun en un mundo más perfecto fracasaríamos en el intento de evitar las desigualdades, pero podemos y debemos evitar la rivalidad y la amargura. No puede terminarse con la explotación del pobre por medio de la destrucción de unos cuantos millonarios, sino eliminando la ignorancia del pobre y enseñándole a no cooperar con sus explotadores. El capital en sí mismo no es un mal; lo que está mal es su uso injusto. El capital, lo material, de una u otra manera, siempre será necesario»
   No podremos cambiar el mundo, pero si nuestra ubicación en el. No es desde arriba que se combate la injusticia, porque estar arriba ya es una posición injusta. Pero tampoco es justo fomentar la violencia contra el que está arriba, porque al final lo que se logra con violencia termina despertando una lucha violenta para ocupar ese lugar.

AUTODISCIPLINA 
«La civilización, en el verdadero sentido de la palabra, no consiste en la multiplicación de necesidades sino en su deliberada y voluntaria restricción. Sólo eso suscita felicidad y satisfacción reales y aumenta la capacidad de ser útil. La verdadera felicidad es imposible sin verdadera salud y la verdadera salud es imposible sin un estricto control del paladar. Todos los demás sentidos automática-mente son controlados cuando el paladar ha sido controlado. Y aquel que ha conquistado sus sentidos, en realidad ha conquistado el mundo íntegro...»
   Por eso la violencia actual ataca directamente al paladar, unos por carencia, otros por mala alimentación o sobre consumo. Un niño que no es educado a controlar su paladar no podrá con-trolar como adulto sus instintos y deseos,  volviéndose consumista. Una sociedad que crece en violencia, es visible en el crecimiento de su des-control alimenticio. En una familia donde no es posible una alimentación saludable, es más propicia para el desarrollo de algún tipo de violencia.

 NO TENER MIEDO A LA MUERTE REALMENTE AMANDO 
«La primera condición de la no violencia es la justicia en absolutamente todos los aspectos de la vida. Acaso eso sea mucho esperar de la naturaleza humana. 
Así como uno debe aprender el arte de matar en el aprendizaje de la violencia, de la misma manera debe aprender a morir en el aprendizaje de la no violencia. 
Si meramente amamos a quienes nos aman, eso no es no violencia. Sólo existe la no violencia cuando amamos a quienes nos odian. Sé cuán difícil es acatar esta gran ley del amor... El amor al que odia es lo más difícil. Pero, por la gracia de Dios, aun esto tan difícil se torna fácil de cumplir si queremos hacerlo. 
El principio fundamental de la no violencia se basa en abstenerse de la explotación en cualquiera de sus formas.  La historia nos enseña que aquellos que, sin duda por motivos honestos, han acosado a los hambrientos utilizando la fuerza bruta contra ellos, a su vez se han transformado en presa de la enfermedad de los conquistados».
   El fomentar el miedo a la muerte es fomentar la violencia para la autodefensa. El miedo es la gran arma de los que buscan la violencia, es el gran negocio de los que lucran con algún derivado de la violencia. El perder el miedo a la muerte y estar dispuesto a dar la vida por la no violencia, paradójicamente es lo que más incomoda y desestabiliza a los violentos.

LA NO VIOLENCIA ES CAMINO
Entonces, tengamos la edad que tengamos, siendo varón o mujer, en cualquier cultura, tenemos la posibilidad de elegir el camino de la no violencia. Que es el camino justo, solidario, es el camino del amor. Si queremos ser verdaderamente libres, nos debemos reconocer como semejantes, que es una mirada espiritual hacia lo corporal.
 El cuidado del cuerpo y el desarrollo de nuestra vida espiritual. El control de nuestro paladar, eligiendo lo bueno y únicamente lo necesario nos hará libre ante todo y ante los otros.
  Así como los que se preparan para la guerra son disciplinados, quien quiere construir la paz se tiene que auto disciplinar. ¿Por dónde comenzar? Por el paladar… cada paso que demos de liberarnos de la violencia alimenticia que el mundo nos impone y nosotros gustamos, cada paso nos acrecentara la autoestima y por lo tanto iremos perdiendo el miedo, lo que da lugar al crecimiento del amor.
  En las milenarias culturas la elección de una pareja para sí mismo o para los hijos se daba alrededor de una mesa. Según el modo de comportarse en ella, ante los alimentos y la bebida abundante, quedaba de manifiesto quien era cada cual. Entonces comamos juntos para mostrarnos verdaderamente ante el otro. Y desde la verdad elijamos el camino.
  Gandhi cuando emprendió el camino de la no violencia, comenzó por un largo y estricto ayuno, el dominio de sí mismo lo hacía libre ante los opresores. Y un hombre libre puede conducir a un pueblo hacia la libertad. Su segundo paso fue la apertura al dialogo…
Nacho

miércoles, 10 de junio de 2015

SI APRENDEMOS A MIRAR, RECONOCEREMOS LOS FRUTOS…(Marcos 4, 26-34)



Jesús decía: El Reino de Dios es como un hombre que echa el grano en la tierra; duerma o se levante, llegue la noche o el día, el grano brota y crece, sin que él sepa cómo.
La tierra da el fruto por sí misma; primero hierba, luego espiga, después trigo abundante en la espiga. Y cuando el fruto lo admite, se le mete la hoz, porque llega el tiempo de la siega.

Hoy en día, mujeres y hombres conviven en espacios con muchas cosas materiales, donde una planta es una decoración y un animal una mascota. Y el trabajo mayormente pasa por la relación con máquinas, mercaderías, un programa a cumplir, o el dinero. Donde el otro es mi subordinado y a veces es mi competidor.

En esta situación al ciudadano de hoy, se le hace difícil entender los ciclos naturales, que se dan en el tiempo y nunca son lineales. Que son semejante a la semilla del amor, de la cual nos habla Jesús, que se siembra y no es inmediatamente que da sus frutos. Por eso muchos padres, educadores, dirigentes, amigos, están tensionados o exigidos porque no ven los frutos de su entrega. En tiempos cambiantes y de descarte, se desechan procesos, para iniciar otros nuevos, procurando la inmediatez de los resultados.

Siempre aparece un culpable, que puede ser la tierra donde sembramos o nuestras manos como sembrador. El otro o nosotros mismos somos los responsables de que el amor no se manifieste inmediatamente. Cabíamos de tierra o de modo de sembrar y se nos va la vida sin haber gozado y alimentado de esa semilla que crece mientras dormimos o estamos despiertos, la que da sus frutos entre hierbas y espinos…

Jesús decía también: « ¿Con qué compararemos el Reino de Dios o con qué parábola lo expondremos? Es como un grano de mostaza que, cuando se siembra en la tierra, es más pequeña que cualquier semilla que se siembra en la tierra; pero una vez sembrada, crece y se hace mayor que todas las hortalizas y echa ramas tan grandes que las aves del cielo anidan a su sombra.»

La invitación de Jesús es muy concreta: poner nuestra mirada, en las actitudes pequeñas, simples de la vida cotidiana. Veremos el amor presente en las relaciones más diversas. Y si valoramos lo pequeño, reconoceremos al fin de nuestro día “fotos concretas donde fuimos amados y amamos”.

Quien va creciendo en esta mirada, desde el amor puede aportar “su granito” para la transformación de la realidad injusta. Una persona que se alimenta del amor, es positiva, trasmite esperanza y por lo tanto es fecunda… aunque sus frutos no se vean hasta después de su entrega final.

¿Qué palabras, gestos de amor di / recibí en este día?
¿Qué actitudes pequeñas de amor tuve/ tuvieron hoy conmigo?
Nacho



domingo, 7 de junio de 2015

Retiro Diocesano de las Pequeñas Comunidades y CEBs.

                           “SER MISIONERO”
Por ser un retiro, buscamos no centrarnos en recoger ideas, sino más bien buscar tener una experiencia de encuentro con Cristo.
 - Mi primera experiencia de presencia del Espíritu de Dios entre nosotr@s es la organización, y la participación… se la construcción comunitaria en un clima sencillo, orante y fraterno.
- Las experiencias compartidas, todas realidades profundas de la vida cotidiana. Pequeños servicios, cruces asumidas, alegrías, personales, familiares y comunitarias. Se puso la vida misma en la reflexión.
-  Las miradas, las caras, el caminar, las manos… estaban cargados de historia. En lo personal me emocione más de una vez cuando escuchaba esos silencios, esas arrugas, dificultades, que me hablaban de mil encuentros…
- Resalto el momento donde crearon monumentos a los servicios en la vida cotidiana. Valorizando el barrer, cocinar, cebar mate, cuidar un nieto, visitar un enfermo, escuchar…  
- Y otro momento que me impresiono fue el encuentro con cada mano, algunas arrugadas, hinchadas, delgadas, con dedos torcidos… Son manos de madres, amas de casa, abuelas, obreras, esposas, padres, abuelos, esposos, ciudadanos…
- Los abrazos, ese momento imposible de ponerlo en palabras, porque los hay bien diversos: los de ternura, los que buscan sanación o perdonarse, los de agradecimiento…
- El milagro de la multiplicación de los panes en el almuerzo, donde la mesa se llena de alimentos hechos con mucho cariño, otros comprados con mucho gusto y se da ese dialogo gratuito, familiar, con tiempo…
- Creo que cada cual pudo compartir lo mejor de sí mismo… y por eso creo que vivimos un día al igual que la segunda nube del cuento:

NUBES DEL CIELO
Había una vez   dos nubes. 
Ambas se encontraban en el mismo inmenso cielo celeste.
 Se descubrieron a sí mismas
 formadas armoniosamente por millones de gotitas de aguas 
y con la posibilidad de andar;
  entonces decidieron emprender el viaje…

La primera tenía grandes capacidades 
y  se puso como meta dar la vuelta al mundo. 
Firme en su propósito sabía que tenía que ser cuidadosa de sí misma. 
Trabajó mucho para tener una buena capacidad de vuelo, 
se formó en todo lo que pudo. Y se lanzó a andar…

Intentó evitar pasar por desiertos áridos.
 Cuando se encontraba con alguna tierra sedienta, 
se hacía indiferente
 o simplemente le daba unas pocas gotas sobrantes. 

Le gustaba andar entre montañas,
 las alturas la hacía sentirse importante.

En su pasaje por las selvas, 
hacia alianza con los más poderosos y la pasaba bien. 
Lo que más le costaba eran esos días de vida cotidiana, 
es decir lo común de cada día.

Cuenta la historia,
 que a la primera nube le ocurrió lo que ocurre siempre.
 Quien quiere guardar su vida 
casi siempre cumple su sueño de dar la vuelta al mundo. 
Pero también algo común que tienen todas las nubes,
 es que no son eternas…. 
sucedió que al regresar del otro continente
 sorpresivamente cayó en el océano.
 Su agua dulce se transformó en sal… 
Hoy en día solo quedaron las fotos de sus viajes, ella desapareció.
La otra nube que no era la primera,
tenía más límites visibles.
 Lo primero que deseó y buscó fue juntarse con otras nubes. 
En la debilidad de cada una, se fortalecían todas en comunidad.
 Sabiendo que también había sido creada para el movimiento, 
se puso a andar. 

Tenía sueños de lo infinito… 
 también se sentía llamada a recorrer el mundo entero.
Al sentirse débil y necesitada, desarrollaba su sensibilidad.

 En el encuentro con una tierra árida se daba  gratuitamente como lluvia,
 esto la iba desgastando… 
No cambió el desierto, 
pero si fue parte de la transformación de ese paisaje. 

Le costaba mucho andar entre montañas, 
 ella era consciente de que estas se elevaban 
sosteniéndose sobre la inmensidad  del valle..
.cuando decía alguna palabra sobre la desigualdad, 
las montañas buscaban justificarse y descalificarla.

En sus tiempos de selva,
 donde predomina la lucha para sobrevivir,  
lograba descubrir cierta armonía que multiplica la diversidad de vida.

La segunda nube,
 siempre juntándose con otras se daba
 y misteriosamente al darse se enriquecía 
con el vapor dado por las diferentes  nubes.

En su viaje 
encontró un sentido profundo en el  andar de la vida cotidiana. 
En las soledades y los encuentros diarios,
 fue descubriendo su razón de ser. 

Su sentido de vida era darse  para el mate de la meditación
 y el mate de la rueda entre amigos.
 Aportaba su propia agua, a la hora del almuerzo
 y de la cena para que a nadie le falte el alimento de salud, 
educación, justicia, cultura y fe…

Algo que pocos  pudieron apreciar, 
fue el tiempo que esta nube dedicó  a estar a solas 
para alimentarse del roció del comienzo del día. 
Complementado por los encuentros comunitarios, 
que producían el milagro de la multiplicación de saberes, bienes y abrazos.

Todo lo hacía con amor 
y por amor a quien la había creado... 
y  se fue gastando…
y  le llegó la hora… 
Ya no era la misma de antes,
 habiéndose entregado tenía sus achaques.
 Cuentan que murió como muere todo el mundo… 
pero vive eternamente allí donde se dio.

Nacho

jueves, 4 de junio de 2015

DIOSES Y FIESTAS ( Marcos 14 12-16. 22-26)

Hay fiestas familiares y sociales, donde todo se hace movido por el dinero… Hay otras donde la participación, el cariño, la solidaridad, superan ampliamente los gastos económicos. He ahí los dos dioses, que se nos presentan para habitar en nuestro corazón:  « el dios del dinero o el dios comunitario ».
Jesús también quiso hacer fiesta para celebrar la Pascua Judía. Esta fiesta era recordar, agradecer y reafirmar la compañía de Dios, que estaba deseoso de liberarlos de faraones. Esa liberación la realiza desde el medio de su pueblo, un Dios que aporta lo imposible cuando nosotros damos el paso posible hacia la vida.
El maestro organizó la fiesta con sus discípulos e incluso haciendo participes a otros… “Jesús mandó a dos de sus discípulos y les dijo: Vayan a la ciudad, y les saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua. Síganlo hasta la casa en que entre y digan al dueño: El Maestro dice: ¿Dónde está mi pieza, en que podré comer la Pascua con mis discípulos? Él les mostrará en el piso superior una pieza grande, amueblada y ya lista. Preparen todo para nosotros.»
En lo central de la celebración nos dejó su memorial, su testamento haciendo sagrado lo común: en la casa y en la mesa: “Durante la comida Jesús tomó pan, y después de pronunciar la bendición, lo partió y se lo dio diciendo: Tomen; esto es mi cuerpo. Tomó luego una copa con vino, y después de dar gracias se la entregó; y todos bebieron de ella. Y les dijo: Esto es mi sangre, la sangre de la Alianza, que será derramada por una muchedumbre”.
Nuestra fe se manifiesta
 a través de acciones concretas
 y el modo de hacer fiesta 
deja bien claro a cual dios recurrimos para nuestras celebraciones.
Puedo organizar un viaje, un cumpleaños o un encuentro donde lo central sea la cantidad de dinero que invierto o consigo para ello. La ideología capitalista que envuelve a hombres y grupos de derecha y de izquierda, a ateos y religiosos, a buenos y maleantes dice del dinero: “Sin mi nada se puede hacer y si te arrodillas ante mi todo será posible”. Esto nos lleva a invertir el mayor tiempo en servicio a este “rey”, para hacer dinero y poder hacer fiesta. Ideológicamente nos va llevando al individualismo y dependencia. 

Aunque se viaje con otros y se coma con otros, cada cual paga lo suyo y cada cual va hasta donde le alcanza el dinero y consume según las posibilidades de su bolsillo. En el fondo lo que nos ofrece es lo que todos buscamos: “la felicidad”. Pero el consumismo necesita ser comprado y la clave está en el placer momentáneo seguido de la insatisfacción. Entonces después de una experiencia, aparece otra nueva oferta, que siempre será más placentera, única y más costosa…
   
Jesús nuestro maestro, nos deja bien claro con su actuar y palabras, cual es el camino para adorar y servir a Dios Padre: Es el CAMINO COMUNITARIO, donde cada cual aporta según su carisma, y posibilidades. Donde lo común se hace sagrado, donde hay lugar para todos, sin exclusión.
Y el cristiano no es el que dice señor señor, sino el que se pone el delantal, el que comparte de su pan y en especial el que se da a sí mismo. Nuestra presencia, nuestros bienes, nuestros talentos, palabras, escucha, canto, baile, risas, dolores; nuestras pérdidas y búsqueda puestas en común, son la que posibilitan que Dios haga el milagro de la multiplicación de bienes y abrazos. Cuando esto ocurre el tiempo parece eterno, nos despierta paz y verdadera alegría interior, con el deseo de que se vuelva repetir. Nos hace más personas, mas hermanos; palpamos el misterio de que hay algo sobrenatural en medio de nosotros, que no está centrado en nuestro ego, ni en ninguna persona, sino en EL COMPARTIRNOS.
Nacho