viernes, 13 de noviembre de 2015

¿QUIENES SON LOS COLIBRÍES? - ENTREVISTA - ALGUNAS PALABRAS



- ¿QUE SON LOS COLIBRÍES?
- Un grupo de pajaritos de diversos tamaños, vuelos, colores e historias. Que en algún momento de su vuelo se encuentran para concretizar un sueño en común. Y después seguir cada uno su vuelo en otras bandadas…

- ¿ES UNA INSTITUCIÓN?
- Si se entiende como institución eso tan “humano como el impulso a agruparse”, si lo es. Teniendo claro el riesgo de “institucionalizarse”, que consiste en ser un grupo cerrado. Donde hay normas a cumplir para estar dentro y que te dejan fuera. Sin embargo cuando lo que nos identifica es un modo de ENCUENTRO, podemos decir que nos asemejamos con otras experiencias y que vemos como validas, necesario, otro modo de encuentro.

- ¿CARACTERÍSTICAS DE ESE MODO DE ENCUENTRO?
- Desde el comienzo fue juntarnos para salir, para ir al encuentro con los más alejados. Pero ya en el juntarnos entre DIVERSOS se palpaba un modo de institución, distinta a los grupos mas homogéneos de los cuales habíamos participado. Con la palabra bíblica como columna vertebral. Valorando en particular lo indígena. Siendo el objetivo del encuentro compartir lo que somos y tenemos. En clave de fiesta y liberación. En un territorio que fue la parroquia de Gutiérrez, extendiéndose a el Chaco Boliviano y Paraguayo. Tejiéndose un puente con Uruguay, con pilares en Brasil y Argentina. Y se ha ido extendiendo a Chile y Ecuador.

- ¿ORGANIZACIÓN?
- Toda institución se organiza, y también nosotros hemos sido organizados para los distintos encuentros. Con la característica “innegociable” que los del lugar tiene la principal palabra, a lo que se suma la palabra de cada uno de los que van, intentando integrar en el dialogo a los que participan a la distancia. Si es una actividad parroquial, por supuesto que tiene que haber la coordinación con el párroco y comunidad del lugar.  

- ¿QUE HACEN?
- Reiteró que los lazos no pasan por una actividad concreta, sino por el deseo de encuentro. Y en cada encuentro se realizan actividades diversas, según las circunstancias de lugar y las posibilidades de los presentes. Desde una comida, una celebración litúrgica, una misión, el arreglo de una maquina, apoyo a la salud, a la educación, al deporte, a lo político, hasta compartir el arte y el descanso juntos, un campamento.

- ¿ENTONCES?
Con mucha humildad la imagen del arcoíris nos identifica. No es que seamos un color nuevo ni original, es la experiencia de juntarnos siendo diferentes colores, lo que de alguna manera nos identifica. Y ese juntarse también es diverso en cuanto a lugar:  en un patio, en una casa, en una parroquia, en un club, en el camino e  incluso por los medios de comunicación, el recuerdo y la oración. Hay personas que se sintieron parte de la bandada, por los medios de comunicación o por los relatos en rueda de mate. Cada cual siente “que le arde el corazón” en esto poco definido, con pocas seguridades y vida diversa. Hay otros que no pero nos alientan o simplemente nos dejan ser. Y están los otros, los que de alguna manera son desestabilizados por este modo de encuentro…

- ¿ALGO MÁS?

- Si bien esta dicho, cuando decimos diversidad, creo es bueno especificar la presencia de los niños como una gran bendición. Y la presencia de personas dejando atrás una experiencia anterior como es el caso de los ex…  Todos son bienvenidos a la fiesta del encuentro. Y ahí se da el milagro de la multiplicación de los panes, del canto, el baile, la oración, la sanación, los abrazos, la alegría. Con una apertura ecuménica. Cada cual cuando ha participado de algún encuentro ha experimentado que “si no hubiese estado algo hubiese faltado”… porque no es algo ya armado, sino construido con los que están en ese momento… Otra característica de los colibríes es “estar en búsqueda”…
 Habiéndose transformado los campamentos de verano con un parecido al “encuentro de las esteras”, franciscano, donde cada uno llega a compartir sus vivencias, con sus panes, música y búsquedas, para sanar heridas y alimentarse del encuentro para continuar vuelo. Y qué lindo cuando se integra un “amigo/a  de un amigo/a” y nos hacemos amigos… 

jueves, 12 de noviembre de 2015

PREPARANDONOS PARA LA NOCHE

Hace unos días, un matrimonio que vive en Montevideo, vino a pasar el fin de semana al interior del país, más precisamente acamparon junto al río Tacuarí. Por primera vez el niño de cuatro años salía del hormigón. Sus padres pensaron que era bueno que desde pequeño se relacionara con la naturaleza que ellos tanto amaban. Lo primero que observaron era como se iba familiarizando con el lugar. Correteaba como perrito soltado de la cadena de aquí para allá volviendo siempre a donde estaban sus padres sentados tomando mate.
   
Lo más sorprendente para el niño fue cuando comenzó a llegar la noche. La familia había elegido no tener otra luz que la del fuego grande. El pequeño se apego a su mama y miraba como el paisaje iba desapareciendo de su vista mágicamente. Poco a poco fue desapareciendo el auto, la carpa, la pelota, e incluso se le dificultaba ver a su papa que estaba a unos metros de distancia. Su madre comprendiendo lo que le pasaba lo sentó en la falda y lo acercó a su pecho, acariciándole suavemente su cabeza.
   
Se hizo plenamente la noche, empezaron a tintinear las estrellas y el niño miraba con mucha atención el fuego, que su padre mantenía bien encendido agregándole leña. Los adultos eligieron el silencio para esta nueva experiencia para su hijo muy querido. Si bien la televisión parece que nos muestra todo lo posible, es muy diferente estar en el lugar y ser parte de lo que acontece.
   
Poco apoco el niño fue pidiendo el miedo a la noche. Se fue soltando de los brazos de su madre hasta que decidió volver a caminar a la luz del fuego. Los padres lo miraban y se miraban sonrientes uno al otro. El objetivo se estaba concretando en su punto más alto: que el niño se relacionara con la naturaleza y en especial con la noche y el fuego. Al poco rato el pequeño andaba encendiendo palitos, soplando la llama y mostrándole a su padre su descubrimiento. Sin dejar cada tanto de señalarles el cielo, mostrándole el tintinear de las estrellas. Dicen que esa noche con el aire puro de monte, después de corretear todo el día, y de hacer amistad con la noche y el fuego, se durmió como nunca…

Esto me hacía pensar que distinto es para una persona, una familia, envejecer, asumir una enfermedad, o la muerte de un ser querido, cuando se cree que en esa oscuridad todo se termina. Que distinto ha quien ha aprendido a relacionarse con las personas adultas, con la enfermedad y ha cultivado la fe en la vida eterna. Todo es muy distinto para uno y para otros.

En tiempos de muchos espejitos de colores y de luces artificiales, que bueno es que haya personas que sigan alimentando el fuego comunitario de la fe. Son como trafogueros que mantienen el calor, la esperanza y la luz, para quienes se acerquen preocupados por lo que pasa, desconcertados por la fragilidad humana, dolidos por alguna perdida.

En cada uno de nosotros esta hacerse tiempo
 para alimentar la fe, 
y elegir dedicar tiempo a acompañar a otros
 a que vayan alimentado su fe… 
(Marcos 13,24-32)
Nacho