Hoy les hablo como abuelo a todo el que quiera escuchar. Me considero un hombre “con mundo”, por mi trabajo de chofer, he podido viajar mucho, por todo el país y varios países. He compartido distintas mesas, desde la de comer un refuerzo de mortadela en soledad o con compañeros, hasta mesas de mantel blanco con personas adineradas. He conocido lugares donde la pobreza duele, hasta lugares maravillosos creados por Dios como son las cataratas de Iguazú. He cruzado muchas fronteras… soy un hombre rico en amigos.
De fe Cristina desde siempre, que fue gran compañera en las rutas, en las noches, en los temporales, en los caminos entre medio de delincuentes… Pero llegan momentos donde nuestra razón no encuentra respuesta, y nuestra fe siente el silencio de Dios, a mi me toco en la despedida de un hijo muy querido… Todo cambia en el entorno familiar, todo cambia dentro nuestro, ahí decidí jubilarme y vivir una vida más quieta, de vecino. Estos últimos años he llevado cada día a mi esposa Rosa a misa. Ella tenía su lugarcito en el último banco de la Catedral. Estoy seguro que ella rezaba por todos nosotros. Y la humilde oración de ella, y mi pequeño servicio de chofer de ella, a su tiempo tuvo un brote nuevo. Me invitaron para el grupo de los del salón del fondo de la catedral.
Ningún padre está preparado para perder un hijo, y cuando nos toca, no es que uno deje de creer en Dios, pero si se siente un poco abandonado por él. Entonces los ritos religiosos, las oraciones, quedan de lado… Pero Dios busca a su hijo dolido y alejado, y sin saber ese Dios Padre me estaba invitando al salón del fondo de la catedral. Ahí pude expresar mi dolor de la pérdida de mi hijo, ahí pude expresar otros dolores, a veces con palabras y otras veces dialogando conmigo mismo, escuchando el dolor de otros que removía el mío. Ahí fui encontrando un lugar de hacer fiesta sana. Rosa seguía rezando y estaba feliz, de que yo volviera a Dios, ella en el frente de la Catedral, y yo en el fondo.
El tiempo dedicado a tu rosa la hace tan importante, dice el principito, me transforme en el participante cero falta, en el primero en llegar y el último en irme. Tan enamorado de este espacio de encuentro que cuando el cura Nacho, propuso no reunirnos un viernes, le retruque que la fidelidad, la constancia, la continuidad es lo que mantiene el fuego encendido, y que, si hoy suspendemos por algo, mañana aparecería otra causa, y ya nos perdemos de cuando hay y cuando no hay grupo, y poco a poco iríamos muriendo como muere todo aquello que no se cuida. El grupo me apoyo, y el curita me escuchó, y esa semana tuvimos también grupo. Con el tiempo vemos los frutos, hay gente nueva que viene y se siente bien. Hay personas que se equivocan y no dejan de venir porque han descubierto que esto es algo semejante a un hospital del alma. Se viene tranquilo con niños que nos ponen su música de fondo. Se han sentido bien los que se dicen ateos, los practicantes del budismo, los evangélicos al compartir la misma Palabra de Dios, e incluso ahora tenemos el regalo de un judío lector de la Torá con nosotros. Y es bonito cada domingo comenzar a leer la devolución del taller bíblico (comenzar porque cada vez es más larga y a veces la leo en tres o cuatro días ja ja ja) es bonito sentirse parte de un tejido con otros grupos y con personas tan diferentes, unidos por la misma Palabra de Dios dando respuestas a realidades de alegría y dolor.
Recuerdo cuando niño aquel cuento que se enseñaba en la escuela, del aquel verano donde el grillo solo cantaba y bailaba, y la hormiga trabajaba juntando alimento. Cuando llegó el invierno el grillo se murió de hambre y la hormiga se alimentó con las demás hormigas en su nido. Algo de esto me tocó vivir en estos días. Doy gracias por haber viajado, por todas las cosas familiares y materiales que he podido disfrutar, pero cuando a uno le toca despedir a un nieto, tener que estar al lado de la su propia hija que no encuentra consuelo, ni tampoco encuentra a Dios, al desprenderse de su hijo trágicamente, ahí uno se siente hormiga bendecida por el tiempo dedicado a cultivar la fe.
El jueves acompañe día y noche a mi familia de sangre, y el viernes a la noche no podía faltar en ese nido familiar del salón del fondo de la catedral, unidos por la misma Palabra, presencia de Dios, lugar de mucha fiesta, pero que hoy fue para mi lugar de abrazo, de escucha, de resurrección. Previamente participé de la misa, sentado en el mismo lugar donde se sentaba mi esposa, en el último banco, de la Catedral. Parecía que Jesús me estaba esperando desde siempre, sus palabras me hicieron trascender esta vida. Su Amor no quita el dolor, su amor no nos salva de la muerte, pero su amor nos mantiene de pie en los dolores por pérdidas de otros amores que se lleva la muerte. La fe no es algo que se comprende, es algo que se vive, es un don que se nos da, pero que hay que cultivar. Quizás fue la misa más significativa de mi vida, el escuchar el nombre de Bruno mi nieto junto al de Jesús, al de María, al de los apóstoles, teniendo la gracia de creer que la resurrección que no es un mérito de algunos, la resurrección la vida eterna es lo central del amor de Dios que es infinitamente misericordioso. Un Dios que comprende y perdona lo incomprensible para nosotros, lo imperdonable para los terrestres.
Y a la noche el grupo, me escuchó para que desatara el nudo que tenía dentro... no hubo preguntas, no estamos en tiempos de análisis, ni en un juzgado, solo hubo escucha atenta, abrazos y oración poniendo todo en manos de Dios. También puse a mi hija mi yerno, al nieto menor a toda la familia, a los amigos de quien eligió irse… No he tapado ni sacado el dolor, pero si la fe, la comunidad, la Palabra, Jesús, que pasó por el dolor y la muerte, le da un sentido distinto a mi dolor. Pude terminar la jornada picando el chorizo de la parrilla, disfrutando de la amistad, preparándole los choricitos para la madre del curita mmmmm ja ja ja ¿serán para su madre? aquí de pie gracias a la fe en la resurrección fui de los últimos en irme.
Solo quiero dar testimonio, que he sido también chofer de mucha gente buscando vivir una experiencia de amor o de fe, pagando un viaje a lugares turísticos o lugares sagrados, yo puedo decir que es verdad lo de Jesús “donde dos o tres o más, se reúnen en mi nombr, para compartir mi Palabra y el pan, ahí yo estaré en medio de ustedes. Puedo dar testimonio que Hay un Dios que es y quiere ser para todos, por eso su presencia es bien palpable donde hay lugar para todos, invocando su nombre, escuchando sus enseñanzas recibiendo su amor.
Desnuditos vinimos a este mundo y desnuditos nos vamos, hemos sido creados para amar y ser amados, pero el mayor sufrimiento es por aquello que nos apropiamos y llamamos mío. Cuando ponemos la mirada en Dios y vemos que de Dios venimos, que el camina junto a nosotros y nos está esperando al final de esta caminata, los míos posesivos se transforman en oración de devolución: todo es tuyo señor, tu estas ahí en el que nace y en el que muere, tú que eres el señor de la vida, el que resucitaste y resucitas, y nos invitas a todos, a todos. a la fiesta eterna del Reino de Dios. Amen.
Ramón, el cero falta en el grupo del salón del fondo de la catedral.

.jpeg)
.jpeg)

~2.jpg)



No hay comentarios:
Publicar un comentario