lunes, 14 de octubre de 2019

FRAILE MUERTO EN CONCIERTO


LA MÚSICA, este 12 de octubre 2019, nos dio la posibilidad de encontrarnos, en tiempos electorales donde se marcan las diferencias... LA MÚSICA NOS CONECTÓ, en una experiencia de unidad entre diferentes. Casualmente fue en una fecha donde recordamos la llegada de las culturas europeas de manera violenta y colonizadora, a nuestro continente amerindio.

ESTA NOCHE EL ARPA,  instrumento ofrecido por los jesuitas a los guaraníes, en nuestra patria grande, fue un instrumento de comunión entre el vecindario. Música de los propios indígenas, danzaron con la música de otras culturas, incluso con las del norte.

Y FUERON MUJERES, las de la propuesta y las de la concreción de esta fiesta. Y hubo que vencer los miedos de alerta naranja y de piedras caídas en la mañana y de nubarrones negros que ocultaban las estrellas y la luna. Quizás la invitación "se conectó con lo profundamente humanos que somos y eso lleva al encuentro más allá de las diferencias, a superar miedos...  y salir, ir, a ser parte junto a otros…”
PABLO Y EL ARPA
Compartimos un diálogo con Pablo, el artista invitado con su arpa. Resaltando también el lugar que le dieron las organizadoras a los locatarios. 

César Pereira un vecino, profesor de música,  que fue invitado con su órgano, el cual vivió y transmitió una experiencia de agradecimiento, de encuentro con lo trascendente. 

Clara Gama, haciendo presente el género femenino, desplegando sus alas junto al piano, diciéndonos “si se puede desde nuestra realidad..."

Pablo Pérez, nos habló de dos deseos a esta altura de su vida. Deseos que fue descubriendo y cultivado desde su niñez. Deseos que se concretan a través de la música y en las relaciones humanas.
- LA VOCACIÓN, aquello que nos permite ser y no tiene valor monetario, ni necesita de licencias. La vocación es aquello que cuando lo descubro en mí, y lo realizó, trasciende el tiempo, nos pone en armonía a todo nuestro ser y realmente es una propuesta que irradia vida a los demás.

EL ARPA, poco común en nuestra cultura uruguaya, muy influenciada por el puerto que ha recibido a culturas europeas. Este instrumento, si bien también vino del norte, fue asumida de tal manera por los pueblos originarios de esta tierra, los guaraníes, que ellos mismos se transformaron en artesanos de arpas y de su música.  Quizás es una música que nos conecta con el universo, con la naturaleza, proponiendonos algo tan propio de estos pueblos: “ser comunidad en comunión con la naturaleza, desde una vida interior”.
PABLO, nació en una familia centrada en el trabajo, donde la diversidad de música a través de disco, era parte del aire que le posibilitó  crecer. Entre tantos discos, la mayoría de folklore y tango, había uno solo de música de arpa. 

En sus tiempos libres, y en especial cuando estaba solo en casa, Pablo gustaba de poner música de fondo para realizar sus juegos de niño. Y cuando sonaba el arpa  algo se movía en su interior... Lo percibía, pero no le podía poner nombre a eso que después llamó: vocación.

Otro elemento externo para este encuentro entre este niño y el arpa fue que su tío era un aprendiz. Lo que no fue en principio favorable, porque escuchar las prácticas de aprendizaje de cualquier instrumento, por ser reiterativo, lleno de errores, es realmente muy aburrido.

A los 10 años en su tiempo escolar, su mama le dijo: Hijo, tu además de hacer lo que todos tienen que hacer, la escuela y algo de ejercicio físico, tienes que elegir hacer algo por gusto”. Pablo eligió la música, entre las posibilidades que tenía.
SU PRIMER AÑO, de estudio no fue pasional, y al llegar el primer examen los nervios, el miedo, casi lo hacen desertar. Un poco exigido por su madre, llegó al día del primer examen, que era en público frente a familiares  y extraños familiares de sus compañeros.

En el escenario, el niño y el arpa se conectan de tal manera que superó los miedos, la vergüenza, los nervios, hasta que los aplausos de los presente, fueron el soplo para tomar conciencia de su vocación, que era nombrada en esa primer manifestación pública.

Pablo conectado con su interior expresó su segunda presentación, en un silencio místico, que fue finalizado por espontáneos aplauso. El niño sorprendido elevo su vista y vio una sonrisa en familiares, extraños, y también en sus compañeros y compañeras de estudio.

El desarrollo del tercer y último punto del examen, a los dos que eran uno el niño y el instrumento, Pablo y el arpa, se sumaban en esa danza interior las miradas de felicidad con la música de los aplausos. Hasta que el público poniéndose de pie, aplaudiendo fervorosamente, reconocía que estaba siendo testigo de la expresión de una vocación hacia la música de arpa.
PABLO nos contaba ese momento, con los ojos humedecidos, como el momento donde descubrió sus dos amores, que son uno: “SER desde dentro, interpretando música de arpa, DESPERTANDO la alegría que nace de una paz interior que crea COMUNIÓN fraternal entre los presente”.

ESOS DOS AMORES, que son su “tesoro”, son también su deseo a ser descubierto por toda la humanidad. Nos contaba la alegría de que su esposa, siendo madre con hijos grandes, hace poco que descubrió su vocación, su conexión con la matemática y el placer de enseñar. 

También la felicidad de la libertad que ha tenido su hijo, siendo educado en un ambiente familiar de estudio y música el varón ha elegido ser mecánico de autos, viviendo sus horas felices con un mameluco engrasado, la felicidad en mejorar el andar del medio de trasporte de sus clientes. 

Siempre se espera algo mejor venidero, y para Paulo será el día que su otra hija, encuentre la vocación que aún no ha encontrado y que la tiene en una búsqueda itinerante, dolorosa y apasionante…
LO QUE AMAMOS 
es lo que irradiamos. 
Cuando nos encontramos
 con alguien, 
conocemos o
intuimos lo que ama. 

LA VOCACIÓN, según Pablo, la verdadera vocación, es la que nos hace SER haciendo eso y es luz del sol en primavera, que hace BROTAR las flores en los jardínes del alma de los demás. Es muy distinta a la alegría pasajera y superficial del dinero, del éxito o el poder, que siempre lleva a un gozo mientras que otros sufren. La felicidad plena es la que despierta felicidad, porque estamos interrelacionados unos con otros, incluso con la naturaleza.

Incluso en el caso de Pablo, siempre tuvo otra actividad laboral para sustento familiar. Es profesor de natación y lo será hasta que se jubile.  Siempre ubicando el trabajo en el ámbito del sustento necesario, sin dejar que se transforme en el centro de su vida, cuidando que el dinero, no quite las horas necesaria para realizar su vocación artística. 

Cuántos hay que han postergado u olvidado su vocación para dedicar más tiempo a ganar dinero, para consumir superficialidades, que el mundo nos dice engañosamente que son necesarias para ser ciudadanos de este mundo....
Unos descubren su vocación desde niño, otros en su juventud, otros en su adultez y otros andan en búsqueda. El tener la vocación como centro de nuestra existencia, o al menos la búsqueda, DESARROLLA nuestro patio interior. Haciendo florecer nuestras diversas flores, gustosos y variados frutos, aroma penetrantes hasta lo más íntimo del otro.

TODOS hemos sido creados con una vocación a realizar en bien de toda la humanidad. Hay algunos por su historia familiar, imposibilidades físicas… desearían ser alguien y no lo alcanzan en esta vida… Es el caso de la profesora de música de Pablo. Toda la vida sobrevivió enseñando música, pero no pudo ser música. Sin embargo encontró en este alumno, alguien que quería algo más que aprender y enseñar, y se transformó para ella, en su actor de su propia película. Algo que se da no imponiendo siendo despertando lo que ya está en el otro. La profe no pudo ser música, pero gozo plenamente en sus últimos años el ser parte del despertar y desarrollo de este arpista y gozo como suyos los aplausos y alegrías del publico…
UN MENSAJE, nos dejó la visita de Pablo y su Arpa… que: 
“el sentido profundo 
de la existencia humana 
está dentro, 
y es eso que llamamos vocación, 

y que será la verdadera, 
si nos hace ser
 y crea comunión
 con aquellos que nos encontramos, 
 buscando desde dentro… 

Es aquello 
que supera los miedos, 
los no puedo… 
que nos han impuesto, 
que nos hemos construidos…

y ve el jardín 
siendo primavera que florece,
 da buenos frutos 
y derrocha sin medidas
 una bella aroma,

 más allá 
de las diferentes gramillas 
que todos tenemos 
y tenemos que podar, 
y controlar “.

Nacho 

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