sábado, 18 de octubre de 2014

LA ALEGRÍA DE SER FAMILIA MISIONERA


 Ser familia misionera ¿es una elección?
            Comenzamos este artículo con esta pregunta porque en nuestro medio la mayor parte de los  cristianos creemos que: “tal o cual familia elige ser misionera”, y a esto le solemos agregar: “lo hacen porque tienen tiempo y les gusta”. Con ello muchas veces intentamos convencernos de que la misión familiar es una simple elección, por parte de un matrimonio cristiano y sus hijos (que los siguen) suponiendo que es algo que se puede hacer si se tiene tiempo extra, y porque es lindo, pues gusta. Tampoco es cosa de algunas familias, sobre todo aquellas que económicamente no tienen problemas porque que les sobra tiempo para dedicarse a ello. Es un tema de toda familia.
            No queremos entrar aquí en cierta definición de lo que es la misión ya que creemos se irá aclarando a lo largo del texto. Pero estamos seguro que más complejo se nos hace al hablar de misión familiar. ¿Qué es eso de que una familia viva, se dedique, o en ocasiones salga de misión?  ¿Es algo de “un rato”, o “unos días”? ¿O es una opción a largo plazo?

Ser familia misionera es una respuesta.
            Al reconocer el gran amor que Dios ha tenido con el ser humano, un hombre y una mujer cristianos deciden unirse en matrimonio para recrear en el seno de su hogar ese amor divino trayendo a la vida a sus hijos. Sabiendo que Dios ha llamado al ser humano a ser imagen y semejanza suyas, “llamándolo a la existencia por amor, lo ha llamado al mismo tiempo al amor” por esta razón la opción-decisión-acción familiar de ser misioneros, es una consecuencia, un segundo paso: una respuesta que intenta retribuir todo el amor recibido. Y como respuesta es un llamado que toda la familia recibe de parte de Dios al servicio de sus hermanos.
            De aquí se desprende que, como respuesta, la familia misionera intentará por diferentes medios ser “luz en el mundo”. de manera continua y perseverante, por lo cual ya no es algo que realizará si le sobra tiempo, sino que estará de misión TODO el tiempo. Tampoco será porque es lindo o agradable. La misión excede al gusto de hacer algo, pues como respuesta, muchas veces se verá frente a situaciones que nada tienen de agradables, que por lo contrario serán muy difíciles de asumir. Desde lo esencial de la familia el hecho de trabajar, tener hijos, estudiar y encargarse de las cosas del hogar -cosa que conlleva en sí mismo un gran esfuerzo- se suman al compromiso de la familia de ser misionera, que la lleva a estar atenta a los signos de los tiempos en la cotidianeidad que siempre sorprende con situaciones nuevas...

El Señor nos anima: "No tengan miedo ni se acobarden", por eso nos impulsa su mismo Espíritu a la misión de anunciar el Evangelio en nuestra vida cotidiana, en el trabajo, en el barrio, a los amigos, y aún más lejos. Sabiendo que Jesús siempre estará con nosotros ¡pongámonos manos a la obra! Trabajemos por la paz, la justicia y el amor: animémonos a hacer presente el Reino de Dios. Ir al encuentro del otro es ir al encuentro de Dios, no me puedo encontrar con el Dios que no veo si no es por el camino del próximo que si veo. No puede crecer el amor en una familia si no se entregar a otros. Los otros son los que alimentarán nuestro amor familiar, que siempre será  experimentar la alegría de servir en gratuidad.
 Dios llama a cada uno desde la realidad que está
Tampoco es de esperar ser una familia perfecta para disponernos a la misión, porque «el que llama nos conoce» y es capaz de hacer el bien incluso a través de nuestras carencias. Lo que Dios nos pide es disponibilidad, porque la disponibilidad para el otro es el amor. Hay muchas personas individualmente que se agrupan para realizar un bien. No es fácil encontrar familias que juntas puedan comprometerse en una misión. La fuerza familiar sin duda que es mucho más fecunda que la individual. 
Y los hijos aunque sean pequeños parecerán en algún momento «un peso» en los que haceres, sin embargo su presencia ya es la opción fundamental de Dios: La vida. Invitamos a todos al discernimiento como familia, hará juntos comprometerse con la misión correspondiente, sin olvidar que Dios llama a cada uno desde la realidad que está, que en algunos casos pueda ser como familia de padres e hijos, o madre soltera, o divorciados y vueltos a casar, jóvenes, o mayores, intelectuales u obreros, con buena salud o con sus nanas... Dios es el que hace la misión solo necesita nuestra disponibilidad, y cuanto más débil es el misionero más se ve el amor de Dios. Lo decimos por experiencia. 
Adelante. Rossina y Diego

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