domingo, 29 de noviembre de 2015

ADVIENTO SE ACERCA EL LIBERADOR

EN ESOS TIEMPOS había un grupo de náufragos en medio del inmenso mar. Como en todo grupo humano habían personas que por su trabajo, por su suerte estaban mejores que otros. Teniendo todos dos cosas en común: una cierta insatisfacción y una promesa de liberación sembrada en su corazón.
LA INSATISFACCIÓN de los que no tenían, la creían por lo que les faltaba. Pero a su vez los que poseían ciertos bienes materiales y familiares sentían un vacío que no podían llenar con nada ni con nadie.
LA  PROMESA que habitaba en el corazón de todos, más o menos olvidada o cultivada en el tiempo, en comunidad. La buena  noticia era: que cada año pasaría cercano a la isla de la insatisfacción, un barquito que los conduciría a la liberación.
COMO TODOS LOS AÑOS, los náufragos a esta altura, se preparaban para llenar su vacío existencial. Los caminos y las propuestas eran bien diversas. Entre ellas estaban las de SUBIR lo más alto posible a la montaña material del lugar, y desde ahí ver pasar los trasatlánticos de las multinacionales venidos del norte, que se llevaban la materia prima, el tiempo y los sueños, los que vienen llenos de luces, con música de fuegos artificiales, ofreciendo COMER Y BEBER en abundancia. Los REGALOS Y VIAJES  eran fundamentales en esta propuesta de fiesta.
OTROS, esperaban sentados, un poco desilusionados, por lo perdido, por lo no logrado, resignados a morir sin vivir.
UN PEQUEÑO GRUPO había encontrado un antiguo mapa, que en algunas casas era como un amuleto para la suerte, pero no era leído, ni meditado, ni puesto en práctica. Este mapa de camino llamado BIBLIA, en primer lugar aclaraba: “nunca es tarde para encontrarse con el liberador”. Y después indicaba “desciendan a galilea ahí está Él en los pesebres actuales.
CRISTIANOS. Entre los que tenían la gracia de conocer la buena noticia, estaban en tiempos distintos. Unos amarrados sin poder dar el paso hacia la libertad. Otros que querían darlo pero llevando lo que los ataba y les daba seguridad. Y los “LOCOS POR SU FE, que se dejaban llevar por la suave brisa. Se desprendían de todo, descendían, e iban a sus propias periferias existenciales, y las geográficas, donde nada bueno podía salir de ahí. Con fe en la promesa que el liberador ahí estaba. Y EL haría el resto…
Nacho

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