lunes, 12 de octubre de 2015

Vuelo de colibríes por ecuador- encuentro con afroecuatorianos - Cloe y Gilberto

Queremos compartir con ustedes, una parte de nuestro viaje a Ecuador. Allí sentimos que si bien estábamos dentro de Latinoamérica, era como estar durante esos días viviendo en una “África de habla hispana”. Descubrimos e interactuamos con parte de la cultura afro-ecuatoriana que habita ampliamente la Provincia de Esmeraldas.
Los caminos de Dios siguen sorprendiéndonos . Él se sirve de personas las cuales utiliza como herramientas de comunicación.
Mientras intentábamos planificar un poco nuestro viaje desde Uruguay, Esmeraldas no formaba parte de nuestras opciones. Sin embargo, las circunstancias nos la colocaron como algo posible y decidimos aprovechar la oportunidad. Y así fue como el rumbo de nuestro viaje fue cambiando casi en su totalidad a la idea inicial que teníamos en mente.
El último fin de semana antes de nuestra partida, llegó a Mercedes, nuestra querida y gran amiga Nelda, con quien acostumbramos a encontrarnos y de esas conversaciones, surgió su idea de contactarnos con Elda, una mujer guaraní - boliviana del Chaco y Licenciada en Enfermería, quien se encontraba haciendo una experiencia en materia de salud, coincidentemente en Ecuador durante aproximadamente unos 40 días. Elda, además vive y trabaja en el Hospital de Gutiérrez y es miembro de la escuela Tekove Katu, lugar que conocíamos con Gilberto de nuestros viajes a Bolivia.
A través de Facebook nos comunicamos con Elda, a quien no conocíamos, pero a la cual fuimos sintiendo cercana. Nos contó del lugar donde se encontraba en Ecuador, y sumado a nuestra actitud de apertura, despertó el interés que nos llevó hasta Esmeraldas. Una religiosa del Huerto, casualmente, hace 7 años atrás cuando organizaba mi primer viaje a ese país, ante una dificultad, me dijo una vez: “Paciencia, que, cuando las cosas se ponen muy difíciles, si salen, es porque eso es de Dios.”

Al estar en Ecuador, no siempre contábamos con acceso a Wifi. La única forma de comunicación con Elda era a través del Face. Eso provocaba que nuestros diálogos fueran intermitentes, las preguntas y respuestas tardaban en llegar.
Y así, un poco a tientas, igualmente nos aventuramos a comprar los pasajes y marchar...Algo nos decía que era de Dios. El ómnibus entre las ciudades de Quito y Esmeraldas demora unas 6 horas aproximadamente. El baño del bus no estaba habilitado, entonces, a mitad de camino se detuvo unos 15 minutos en una estación para que utilizáramos los servicios higiénicos.


El paisaje que se aprecia por las ventanas del bus es simplemente maravilloso!!! Por un lado, la naturaleza emerge en su máximo esplendor y por otro lado, el ser humano y los vehículos se los ve tan pequeños transitando esas carreteras (en muy buen estado de conservación) que van atravesando montañas, cerros, valles, hasta bajar a la costa tropical con su abundante vegetación; y repentinamente, nos encontramos con la inmensidad de las aguas del Océano Pacífico.
Alrededor de las 20 hs, llegamos a la terminal de la ciudad de Esmeraldas, capital de la Provincia del mismo nombre. Ésta se encuentra al norte del Ecuador, limitando con Colombia, en zona tropical. Algunas personas del lugar (suponemos que, debido a nuestra apariencia) creyeron que queríamos ir a Atacames, el balneario donde concurren los turistas, y que nos habíamos bajado equivocadamente, ya que el bus tenía su destino final allí.

La terminal estaba casi vacía; nos dirigimos a un ciber para ver novedades de Elda de cómo seguir. Nos sugiere un hotel e ir a buscarla a la mañana siguiente. Tomamos un taxi, que fue llevándonos por un camino desierto, oscuro y con vasta vegetación. Esa fue una de las pocas veces que nos sentimos inseguros, probablemente, inducidos por nuestros propios prejuicios. Previamente, al sentirnos desorientados, y con poca acogida en la Terminal, puede que haya incidido momentáneamente en nuestro estado de ánimo. Al iniciar un diálogo con el taxista, fuimos tranquilizándonos.
El hotel era sencillo, con buena atención; pero nos encontramos con la sorpresa que teníamos TV y Wifi, etc, pero no contábamos con agua caliente en la ducha. Debido al clima cálido y húmedo, la costumbre del lugar es usar agua fría para bañarse. En cambio, nos encontramos con un Nuevo Testamento sobre una mesita.
A la mañana siguiente, desayunamos en un local frente al hotel, muy sencillo, como muchas casas de comidas: café con leche, pan con manteca, jugo de fruta y ensalada de frutas tropicales. Fue allí donde comenzamos a disfrutar la alegría y amabilidad de un grupo afroecuatoriano.
Caminando por la ciudad fuimos a una plaza muy concurrida y “bullanguera”, con abundante naturaleza e iguanas habitando sus árboles. Enfrente, nos encontramos con la Iglesia de la Merced, (igual que la patrona de nuestra Diócesis),entramos, rezamos y nos pusimos a conversar un buen rato con el limpiador. Este nos contó sobre la historia y el material usado en la construcción
del templo, el cual llamaba la atención por su forma. El techo encorvado estaba construído sobre el encofrado de caña “guadúa”(similar al bambú), llamado el acero vegetal, y con la cual se construyen muebles e instrumentos musicales como la “marimba” (especie de piano). Le preguntamos donde podíamos escuchar tocar la marimba o música típica del lugar y nos recoméndó el conservatorio municipal de música.

 Luego salimos al encuentro de Elda el cual fue dificultoso. Nos dirigimos a la Curia, donde nos ayudaron en su ubicación. Desde allí fuimos en taxi a la Oficina de CECOMET (Centro Comunitario de Medicina Tropical, ONG que apoya con fondos italianos a la Tekove y programas de salud en Esmeraldas), ubicado en el barrio Las Palmas, que es la zona de la playa. Pero la tuvimos que buscar caminando. La referencia coincidía en encontrar casi siempre una Iglesia, y en este caso no fue la excepción. Después de 15 minutos llegamos pasado el mediodía con un sol resplandeciente.
El encuentro con Elda fue de mucha alegría! A veces pensábamos que ya no iba a ser posible , un poco cansados de la búsqueda, de las caminatas, con apetito, sed y calor!
Elda nos fue presentando una a una sus compañeras de CECOMET, con quienes gratamente nos pusimos a conversar y casi sin pensarlo y de forma espontánea surgió la invitación de irnos a conocer Santa María de los Cayapas en la parroquia de Atahualpa. Nos preguntaron si disponíamos de un mínimo de 2 días a lo que contestamos afirmativamente. Entonces, nos coordinaron las diferentes instancias del viaje hasta su destino. De repente, nos vimos embarcados en un nuevo viaje hacia el Ecuador profundo dispuesto para el día siguiente, pero sin Elda, que estaba en los preparativos de su regreso a Bolivia.
Con el corazón contento, con expectativas y entusiasmados, salimos a almorzar con Elda y compartir el resto de la tarde. Caminamos por la playa, mojando nuestros pies en las claras aguas oceánicas, observando en el horizonte barcos petroleros que vienen a trasladar el producto.
Invitamos a Elda al conservatorio de música, donde una nueva y muy linda experiencia nos aguardaba sin saberlo. Llegamos para estar un rato y pasamos casi toda la tarde allí, compartiendo la cultura afro-ecuatoriana con profesores de solfeo, canto, baile e instrumentos musicales y admirando los ensayos de los niños, adolescentes y jóvenes. Nos deleitaron tocando marimba, cununo, bombo, guaza y maraca.
En horario de clases tuvimos que dejar un rato los salones y las prácticas, por lo cual nos fuimos a una plaza ubicada enfrente. Entonces, los docentes, nos presentaron a un policía que custodia el conservatorio y le pidieron a él que nos acompañara, cosa que nos sorprendió, pero aceptamos terminando en la plaza charlando. En un momento dado, se me rompe una sandalia y el policía nos plantea recorrer comercios, acompañándonos él también, lo cual resulto muy gracioso. Pero esto habla de la hospitalidad que recibimos.
Al regresar, continuamos presenciando ensayos. Nos llevaron a una clase de solfeo donde interactuamos con los niños sobre nuestros países. Finalizamos en la oficina del Director, compartiendo también con él la cultura afro-ecuatoriana.
Después de acompañar a Elda hasta el lugar donde se quedaba, y despedirnos, volvimos al hotel caminando, encontrándonos diversos muros con leyendas de la cultura negra.
Nuestro encuentro con Elda duró unas horas, pero el resultado fue sentir que nos conocíamos desde siempre.
AGRADECIDOS A DIOS POR HABER DESVIADO NUESTROS PLANES…soñamos con un futuro reencuentro con ella, en Bolivia o en Uruguay. Como así también un reencuentro con el mundo negro.

En la noche, salimos a cenar a un puesto callejero. Un niño pasaba por el lugar pidiendo dinero. Cuando se acercó a nosotros, comenzamos a charlar con él y lo invitamos a cenar. Por él nos enteramos que al mondongo, le llaman “guatita” pues fue lo que pidió. Le preguntamos que le gustaría hacer cuando fuera grande…y nos dijo: “jugador de fútbol”. Esmeraldas es también, una Provincia muy futbolera donde jugadores ecuatorianos famosos han surgido allí.
Gilberto cenó “encocado de pescado”, y yo, “encocado” de res (vaca), comidas típicas del lugar. Es costumbre en todos los platos el arroz y el plátano, que los hay de varios tipos y formas de preparación: el maduro, el verde, patacones, etc.
Al día siguiente, nos levantamos muy temprano (05:00 am) según indicaciones de Mónica, (compañera de Elda en CECOMET), dejando el hotel y yendo a la Terminal. Allí tomamos un ómnibus con destino a la ciudad de Borbón, en el cantón de Eloy Alfaro, el cual salía 06:30.
El viaje duró 2 horas. Al llegar, fuimos a una cabina telefónica donde intentamos comunicarnos sin éxito con doña Blanca, quien nos iba a proporcionar 2 salvavidas para llevar al viaje en canoa. Le pedimos ayuda a la chica que atendía la cabina, y al rato apareció el esposo de doña Blanca, quien envió más tarde a su hijo con los salvavidas.
Al llegar al muelle, (que une los ríos Cayapas y Santiago) viendo varias embarcaciones, preguntamos por la lancha que salía hacia Santa María a la hora 10. Mientras esperábamos para subir, nuestra mirada se iba enriqueciendo con el movimiento del muelle, que funcionaba como un pequeño puerto, con feriantes de todo tipo vendiendo diversos productos.
Buscamos un baño semipúblico, que los hay por todas partes, a un costo de U$S 0,25.
Puntualmente, la barca salió como estaba previsto a la hora establecida. El viaje tuvo una duración de 2 horas por el río Cayapas, con varias paradas, en diferentes muelles, en los cuales, bajaba gente y se descargaban materiales .Recordamos un pasajero que trasladó bloques para la construcción. Al llegar a su destino, 4 o 5 niños lo esperaban para ayudarlo a descargarlos.

Nuevamente la naturaleza se manifestaba magnificamente con su vegetación tan diversa a través de los manglares. Y el río desbordante de vida, resultó ser muy transitado por barcas hacia ambos sentidos. Vimos viviendas, muelles, mujeres lavando ropa en ellos, niños bañándose, hombres navegando en canoas más pequeñas y rústicas (suponemos de pesca).

Como era el mediodía, llegamos para el almuerzo. Allí nos esperaba Madre Sonia De Jesús,misionera mexicana Comboniana (de Guerrero casualmente), y 2 compañeras, comunidad que están a cargo de la Evangelización de esos lugares. Nos encontramos con un grupo de mujeres de la cultura indígena “Chachis” y de la raza negra, integrantes de diferentes comunidades instaladas a lo largo del río Cayapas. Estaban realizando un curso de corte y confección de una semana de duración. Debido a la dificultad para acceder, las madres le brindan la organización y el hospedaje y las participantes proponen y eligen los cursos.
Después del almuerzo, salimos a conocer un poco el lugar con madre Marcela. Nos llevó a recorrer “el barrio” donde viven los Chachis (Santa María) y los negros (Camarones). Visitamos algunas familias y conversamos un poco con ellas.
Al atardecer, participamos de la misa diaria en la Parroquia, contigua a la comunidad religiosa, donde vive un sacerdote ecuatoriano, Robinson Torres Montaño, de la misma congregación.
Esta parroquia fue fundada en la década del 60 por un cura comboniano italiano. Pertenece al Vicariato de Esmeraldas, bajo una prolongada guía de un obispo español, Mons. Eugenio Arellano, el cual se siente “esmeraldeño”.
Tienen un Colegio de Educación Primaria, que está a cargo de madre Mayra, costarricense, con distintos maestros laicos. Nos sorprendió ver un grupo de niños portando machetes. Cuando preguntamos, nos dijeron que era la jornada de limpieza en el Colegio.
Al instante, comprendimos, acerca de su relación con la naturaleza; al estar rodeados de tanta selva tropical y del río, conviven a diario con los peligros del lugar, y de pequeños aprenden a nadar y a manejar el machete.
Sonia, nos advertía del posible ingreso de víboras a la habitación donde íbamos a dormir, pese a que ella había estado colocando veneno alrededor.

En las noches se acostumbra dormir tapados con tules debido a los mosquitos. En nuestro caso no fue necesario hacerlo porque no aparecieron gracias a Dios!
Las duchas son con agua fría. La electricidad existente en el lugar está disponible por determinados lapsos de tiempo y se corta. Siempre cuentan con velas para los momentos de corte de energía. El agua se hierve o se consume agua envasada.
Si bien la gente, cuenta con acceso a internet, éste también es deficitario. Cuando llegamos, hacía una semana que estaban sin el servicio.
Al día siguiente nos levantamos bien temprano para poder participar de la oración de la mañana; a la hora 06:00 se acordó ir libremente a la capilla. Vivimos un lindo momento de oración. Los salmos son rezados en el lenguaje de la gente y en el contexto del lugar. Nos llamó la atención como aplicaban La Palabra a la Vida!!
Rezamos el Salmo 49 – Los trabajos comunitarios
“El que tiene dinero, solito se quiere salvar.
 A nosotros los pobres, Jesús nos dejó la comunidad.
Una potente luz es la Palabra de Dios, pues nos hace conocer las cosas tal como son,
nos da fe y esperanza, alienta nuestro amor, la comunidad construye, nos empuja a la acción.
Nadie manda entre nosotros, no nos hagamos sentir; cada cual a su manera, todos podemos servir.
Dios repartió cualidades, nadie guarda para sí. La comunidad ha de crecer si sabemos compartir.
Hay algunos compañeros que saben muy bien hablar, pero el Reino no progresa con palabras nada más.
Si de verdad queremos, construir fraternidad, 
tenemos que ponernos en común a trabajar.
El trabajo comunitario combate la opresión, transforma poquito a poco todo nuestro corazón, sacando de nosotros el egoísmo explotador. Así entre todos buscamos comunidad y organización.
Fuera de la comunidad quedan muchas veces los más pobres, porque no saben leer ni hablar en las reuniones. Abramos la comunidad, recibamos a los hombres, mujeres y niños hambrientos como quien a Cristo acoge.”

Posteriormente fuimos a encontrarnos con el resto de las mujeres para desayunar y ayudamos a transportar las máquinas de coser a los salones.
Con sentimientos encontrados nos despedimos y seguimos nuestro viaje. Estando a pocos días de nuestro regreso al Uruguay nos era imposible quedarnos por más tiempo. Y así fue como tomamos la canoa de regreso a Borbón, guardando la imagen de la despedida de Sonia saludándonos desde el muelle….
Durante los días que estuvimos allí, nos relacionamos con mayor cercanía y fluidez con los negros.
Los Chachis nos parecieron más tímidos, callados, silenciosos. Éstos son los pobladores más antiguos, anteriores a los Incas y los españoles. Son expertos navegantes y constructores de sus propias canoas. Conocimos parte de las artesanías que elaboran con productos del monte; principalmente son famosos por los diversos modelos y tamaños de canastos.
Los afroecuatorianos son descendientes de esclavos africanos que llegaron a las costas del Ecuador a través de diversos naufragios de barcos, volviéndose libres. Al principio tuvieron conflictos con los chachis por sus diferencias culturales. Actualmente comparten el territorio, concurriendo los niños de ambas etnias al mismo colegio. Entendieron que para salir de la pobreza y la marginación debieron unir esfuerzos en sus luchas por los derechos y reivindicaciones sociales.
Viven básicamente de la caza, la pesca, la recolección y la madera. Algo trabajan la tierra, sembrando plátanos, cacao, maíz, yuca, frijoles, papaya..., y crían algunos animales como gallinas, patos, y cerdos. Hay proyectos que buscan mejorar la alimentación y disminuír la desnutrición utilizando los espacios tradicionales para la producción familiar y comunitaria. También están los que trabajan para el Estado. Hay un alto número de empleados públicos en el país.
Estas poblaciones no cuentan -en su mayoría- con sistemas de agua potable.
También se habla de la contaminación de los ríos en la zona, debido a la extracción ilegal de metales, principalmente el oro, realizado con mercurio.
La capilla del lugar, aunque modesta, emerge y sobresale entre las casas muy sencillas de sus habitantes. La de los Chachis, en terrenos más bajos, están construídas de madera y caña, sobre pilotes de aproximadamente unos 2 mts.. En la de los negros se utiliza mas los bloques o ticholos. La imagen de la Inmaculada Concepción da la bienvenida al llegar con una inscripciónn en español y otra traducida al Chapalá, la lengua de los Chachis.
En cuanto a la Evangelización, el cura se ocupa más del lugar; luego están las religiosas: Sonia, la más joven, quien debe recorrer las 50 comunidades que alcanza su jurisdicción eclesial nos contaba que no dan abasto y que hay lugares donde solo pueden llegar una vez al año. Las otras 2 se ocupan del colegio y la catequesis del lugar.
Para los combonianos generalmente su prioridad es “la misión ad gentes” en los lugares periféricos. Su objetivo es rehacer un lugar con la gente del mismo lugar. Daniel Comboni, sacerdote italiano fundador enamorado de África, dijo: “ la esperanza de Africa es re-construírla con Africa misma”.
Es por ello, que están abiertos a la llegada de laicos interesados en la misión. Nos invitaron a regresar para acompañar la tarea evangelizadora. Y nos hicieron extensiva la invitación a los que se sientan llamados a la misión y quieran llegar hasta las periferias del Ecuador.
Allí vimos muchas carencias materiales, una pobreza diferente al Uruguay. Tienen dramas sociales como consecuencia de su ubicación fronteriza. El alcoholismo es uno de sus problemas. Sin embargo, pese a ésto, las personas son alegres, sonríen, conversan, se saludan...
Nos enteramos que viven una fuerte religiosidad popular, con devoción a los santos, especialmente a San Martín de Porres, el Santo Mulato. Realizan una gran fiesta en su honor en la isla de Cachimbalero, concurriendo de diversos lugares en sus canoas adornadas con frutos y ramas. También acompañan momentos “fuertes” de sus vidas con arrullos,
Para nosotros, si bien fue un tiempo muy breve el de nuestra estadía, las horas que allí estuvimos, provocaron en nosotros una experiencia “muy movilizadora”.
Nuestro contacto con la raza afro-ecuatoriana aún continuaría durante un día más. Al regresar a Borbón, nos comunicamos con doña Blanca, a quien conocimos finalmente. Ella nos sorprendió gratamente con la noticia que tenía indicaciones para que descansáramos en la casa de CECOMET hasta la salida de nuestro ómnibus. Nuestro bus con destino a la ciudad de Manta, salía recién en la noche. Asi que aceptamos ir “a casa de las doctoras” como le llamaba la gente a ese lugar.
Le conté a doña Blanca sobre mi curiosidad e interés de conocer a Walter Ayoví Erazo, alías “Papá Roncón”, un músico de allí, a quien había conocido por internet. Coincidentemente vivía a una cuadra de donde nos quedamos a descansar. Ella nos animó a ir a su casa a conocerlo, ya que él y su familia son gente muy receptiva.
Fuimos a almorzar y luego nos acercamos hasta el hogar de Papá Roncón. Preguntamos por él a las niñas que jugaban en su puerta, quienes resultaron ser sus nietas. Apareció vestido de una manera y excusándose un momento subió a cambiarse de ropa, reapareciendo vestido impecablemente. Con él compartimos gran parte de la tarde, tanto en su casa donde nos contó su historia de vida (criado con los indígenas Chachis que le enseñaron a tocar la marimba, recibioé el premio “Eugenio Espejo” (un prócer de la independencia ecuatoriana) por su trabajo de preservación de la cultura afroecuatoriana de manos del Pte. Rafael Correa, en su taller donde construye sus instrumentos musicales con sus propias manos, y hasta nos llevó a una caminata por el pueblo de Borbón contando historias de su vida, del lugar, de su cultura…y hablándonos también de Eugenio Estupiñan Bass (1912 - 2002), un poeta del lugar que se caracterizó por retratar la vida de la población afroecuatoriana que en su mayoria vivía en condiciones marginales y de pobreza.

“Roncadooor, roncadooor”, gritaba de pequeño, y con esa frase y canasto en mano, recorría las calles de Borbón, vendiendo lo que su padre sacaba del río: una especie de pez llamada guacuco o roncador. La gente se acostumbró a verlo pasar a diario y a ese grito melodioso, que era casi un canto, que llegaba a las casas, en las que ingresaba esa voz que el tiempo tornó grave y que ahora lo identifica. Luego, ya no lo llamaban por su nombre, sino Roncador. Y otros, simplemente Roncón, cuyo apodo le llegó del río, hacía una diversidad de oficios. Su padre, que tenía dos hogares, lo llevó a vivir un día con su otra familia, en un sitio donde estaban mezclados los mulatos y los cayapas. Él se bañaba junto con los niños de esa etnia y ellos le enseñaron a tocar la marimba y a hablar la lengua cayapa. Así, Roncón fue creciendo y llenándose de saberes. De esos que no se hallan en los libros y que se aprenden con las vivencias.
En su casa, en cuya planta baja funciona la fundación que lleva su nombre y donde comparte sus saberes con niños y jóvenes del lugar, hay tambores, cununos, guasá, palos de lluvia y marimbas, instrumentos que Papá Roncón sabe construir y tocar y que le han permitido viajar a países como Alemania, Japón, EEUU, Colombia, Perú, y ser embajador de la cultura afrocuatoriana. Es narrador oral, músico, cantante y poeta. También dirigió la parte musical en fiestas patronales del lugar. Él sigue fiel a la marimba, porque la música que emerge de ella, anota, es un patrimonio que los negros llevan en la sangre. “Cuando los negros vivían atados de pata y mano, fue la marimba la que los liberó. Con la marimba fue que el negro se le rebeló al amo y fueron libres”, narra Papá Roncón, quien asegura haber descubierto todos los secretos de este instrumento. La afinación, anota, la aprendió de oído y experimentando. “Ramón, un chachi, me enseñó a construir marimba, y ahora cuando llega aquí me dice: usted es mi maestro”. Nacido el 10 de noviembre de 1930 y próximo a sus 85 años, a Papá Roncón le duelen las piernas. Ha perdido un poco la agilidad, pero se enorgullece de no tener arrugas. Y cada vez que le preguntan el secreto, responde: 
“Para ser un buen viejo, se debió haber sido un buen joven”,
lo cual significa, según él, nada de vicios ni de malos hábitos
. Pero, sobre todo, vivir alegre,
 porque la vida es como una gran pieza musical.”

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