viernes, 2 de octubre de 2015

CRICIS… ALIMENTANDO LA ESPERANZA

"Porque yo este sin horizonte, 
porque mi grupo este en crisis,
 no quiere decir que esa sea la totalidad de la realidad".
Hoy vi jóvenes enamorados, familias construyendo su casa, deportistas entrenando, agricultores sembrando, educadores saliendo de su centro de estudio, dos políticos  de distinto partido ocupados en los más necesitados, una mujer sonreír embarazada, pájaros en sus primeros vuelos, el parral extendiendo sus guías, la primera estrella en la noche…

La perdida, la derrota, la equivocación, la soledad, tienen su parte de dolor, pero siempre serán una nueva oportunidad. La nada no existe, por lo tanto todo final es el comienzo de algo nuevo. Esa es nuestra esperanza pascual.

Son dones preciosos, la perseverancia, el volver a comenzar, el abrirse a lo nuevo, la esperanza en la noche, el perdonarse y perdonar, el mantenerse en búsqueda.
Que grandioso el don de la fe, en que vamos yendo hacia la muerte, pero esta no tiene la última palabra, simplemente es el paso al nacer eterno plenamente.

Cuidemos la vida, reguémosla, y acompañémosla hasta el minuto final de esta vida. Tanto la vida propia, la vida del prójimo, la vida de la casa común, y la vida de nuestras relaciones y organizaciones.
Todo pasa, paso el ayer, está pasando el hoy, pasara el mañana. Hay que reconocer que todo va muriendo, pero nada se pierde, todo se transforma. Va muriendo mi familia, mis relaciones, mi grupo. Por momento nos acusamos, o responsabilizamos a otros de esas muertes, y la verdad que a todo le llega su hora, nada es eterno en esta vida.
Y reitero, la nada no existe,
 por lo tanto toda muerte, todo final es un nuevo nacer, 
un nuevo comienzo de algo nuevo.
 Los que ponen su confianza en sí mismo, en su poder, en su dinero se creen eternos. Quizás tiene la posibilidad de mayores gozos, pero ante una enfermedad, una sorpresa, ante la aproximación de la muerte tiemblan…
Los pobres, conviven con la pérdida, las muertes, y por eso hacen fiesta ante algo nuevo. El encuentro con los pobres, enfermos, ancianos, niños, nos da la posibilidad de alimentar nuestra esperanza. Ellos saben que después de la noche siempre vendrá un amanecer.

No tengamos miedo a morir, a que muera lo nuestro. No somos defensores de nuestro ego, ni de estructura alguna. Somos vida, cuidadores de la vida.

Salgamos de nuestra casa, de nuestro grupo, caminemos por otros lugares, hacia abajo, ahí nos espera El, el señor de la vida, para alimentarnos, para pedirnos una mano en su cuidado.
Y después hay que discernir si es voluntad del señor de la vida: ser levadura de esperanza y transformación en nuestro grupo de pertenencia, o el señor de la vida nos invita a arriesgar y buscar odres nuevos para el vino nuevo…
Nacho
(Del encuentro entre sacerdotes diocesanos en Lago 1/ 10 / 2015)

No hay comentarios:

Publicar un comentario