miércoles, 26 de septiembre de 2012

«El bien de Dios es siempre el bien para el hombre».



Si nos preguntáramos ¿Cómo agradar a Dios? la respuesta tiene que ver con las relaciones humanas y con toda la creación: «a Dios le agrada el buen vivir de sus criaturas».

Las religiones son un modo de ser comunidad para conocer a Dios y poner en práctica su deseo.

La tentación de toda religión, de todo religioso es el querer «privatizar o adueñarse de Dios». Algo imposible, pero el egoísmo enceguece tanto que hace creer que somos capaces de «poseer a Dios creyéndonos superiores a otros»

Esta es una tentación de toda época y cultura, ya los primeros discípulos querían adueñarse de Jesús e incluso destruir a otros grupos, hacer la guerra entre religiones. Jesús no se deja encerrar en un grupo religioso, abre la cancha diciendo que «Con El están todos los que construyen un mundo mejor sin exclusión. Y contra El están todos (incluso los de su grupo más cercano) los que se encierran en si mismos dejando a otros afuera de sus relaciones de servicio.»

Proponiendo el camino del encuentro, de liberación diciendo «que si algo o alguien me impide ensanchar mi corazón a todos es recomendable desprenderlo de mi vida» La salvación no está en pertenecer a un grupo religioso o practicar ciertos ritos, la salvación está en cuanto a la relación de hermandad con todo lo creado, preferentemente en relación a los más pequeños, débiles, excluidos, al brote nuevo que va naciendo, al árbol caído... ( Marcos 9, 38 - 49)

Sabemos que el corazón es un músculo y como todos los demás el ejercicio es capaz de dilatarlo. En nuestra cultura occidental el corazón ha sido el lugar donde se ubica el amor y la fe. Por lo tanto somos capaces de ensanchar nuestro corazón, somos capaces de ampliar nuestra capacidad de amor, hacer crecer nuestra fe, si nos abrimos a nuevas relaciones humanas. Ni el amor ni la fe son excluyentes, son todo lo contrario, cuanto más personas habitan en mi corazón más grande es el amor.

El egocéntrico exige un amor exclusivo. La persona espiritual en el tiempo va acrecentando los nombres de personas concretas a las que ama, e incluso crece su admiración y cuidado de todo lo existe en la creación. Con una preferencia especial por el detalle, por lo insignificante por lo pequeño. Contrario a un mundo que adora la grandeza y quiere centrar su mirada sobre personas en la pasarela, el podio, el altar, el escenario...

Entonces el crecimiento en la Fe, está dado en el crecimiento en el amor. Y si el servicio, la verdad, el compromiso con la justicia son algunas de las expresiones más profundas del amor, abriremos los ojos y veremos miles de compañeros y compañeras construyendo el mismo reino en los distintos ámbitos de la vida social, cultural, deportiva, política... esos son los verdaderos compañeros de espiritualidad...

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