jueves, 7 de enero de 2016

PROFUNDIZANDO EN EL BAUTISMO RECIBIDO

EL BAUTISMO DE JESÚS
En la mayoría de las culturas y grupos humanos, existe  un rito de iniciación, de integración que se llama bautismo. Hay algunos chistosos y otros muy crueles.
EN NUESTRAS IGLESIAS CRISTIANAS, el bautismo es con agua, invocando a Dios Padre, para que derrame su Espíritu Santo. Siendo el inicio del camino de seguimiento de Jesús, integrado a una comunidad concreta.
   Siempre en al camino espiritual cristiano, hay personas que son como el Juan Bautista: personas y comunidades que nos señalan el camino para encontrarnos personalmente con Jesús.
  También están los Herodes que se presentan como dioses poderosos, capaces de dar vida larga, prometiendo prosperidad económica, y hacer feliz a quien se disponga a servirlo. Entre ellos están: el dios dinero, dios poder, dios placer, y dios prestigio.
   LA VIDA ES UNA LUCHA DE DIOSES, donde tenemos más o menos «libertad para elegir», a cuál de ellos queremos servir. No se puede votar a dos presidentes, si lo hago, el voto queda nulo. Con la boca podemos decir muchas cosas, pero es nuestra vida la que dice para quien vivimos.
   El reino de Jesús no es de este mundo, su promesa es la vida eterna. Su vida venciendo la muerte con la resurrección es lo central de la fe cristiana. Por lo tanto «el miedo a la muerte queda superado para quien cree profundamente en el resucitado».
Como todo camino espiritual no es lineal, teniendo idas y venidas. Por ser algo vivo es necesario ser alimentado. Jesús es fiel, y está al alcance de toda persona humana. Ubicándose en las galileas geográficas y las existenciales. Esperándonos para el encuentro en los más empobrecidos, excluidos y considerados pecadores. Siempre será camino de descenso.
   La voz de Herodes, justamente nos propone el camino opuesto, el de ascenso, que es servirnos de los hermanos que son rostro de Jesús, o ser indiferentes ante ellos. Siempre nos dará buenos justificativos para alejarnos de los pobre y pecadores.
LA PALABRA BÍBLICA, es alimento esencial para la fe cristiana. La vida comunitaria no es opcional, es el lugar de discernimiento para el seguimiento. Si es comunidad cristiana, es espacio de misericordia con lugar para todos, al servicio de todos los demás seres humanos.
  Profundicemos el bautismo recibido, alimentándonos de su palabra, fortaleciendo los lazos comunitarios, encontrándonos con Jesús. Esto nos hará experimentar la misericordia de Dios y nos impulsara amar sin esperar ningún pago. Propongamos como Juan Bautista este camino, aunque nos corten la cabeza, lo que está en juego es la vida eterna.
Nacho    

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