miércoles, 2 de julio de 2014

Felices los que “juegan” para el equipo sin necesidad de ser condecorados sobre los demás.


Pasó para nosotros los uruguayos el mundial, como pasó para muchos antes que nosotros y a su momento pasará para todos. En un mundo actual no muy diferente a otros donde los que tienen poder mandan injustamente. Y tienen la costumbre de crear ídolos sobre lo comunitario, los cuales deben ser adorados y después el mismo creador los destruye y sustituye.
Tenemos la gracia de tener al frente de nuestra selección a un Maestro, que insiste en el trabajo a largo plazo acentuando el valor de lo colectivo más haya de los resultados inmediatos. Pero que también  nosotros por momentos nos enfermamos del “caudillismo mesiánico” y hemos resaltado a jugadores de nuestro fútbol, teniéndolos como los “Mesías” que olvidan los procesos de los equipos.
A Jesús también lo quisieron idealizar sus seguidores. Él continuamente escapó a ser proclamado rey. Haciendo referencia continuamente al único Padre, que nos hace no ser “nadie más que nadie”.  A su vez tampoco Jesús se arrodilló ante ningún llamado rey y vino a liberarnos de toda opresión y opresor.
Los que se creen sabios y entendidos superiores a los demás  no pueden entender ni aceptar la igualdad de relaciones. Sin embargo hay muchas personas sencillas y humildes que son capaces de participar de experiencias comunitarias sin necesidad de sobreponerse sobre los demás. El ver el verdadero poder en lo colectivo es un don que Dios se lo ha dado a quien ha querido. Todas las penas, las carencias son más llevaderas en familia y comunidad que individualmente. Y quien tiene “fe” y pone sus preocupaciones y problemas en un Dios buen Padre siente una fuerza complementaria para cargar su cruz y un permanente aliviar su historia al experimentar la infinita misericordia de Dios. ( Mateo 11, 25-30) 
El fútbol pasa, vuelve la política y continúa la vida cotidiana de trabajo, estudio, relaciones humanas. Es bueno aprender del mundial de fútbol que hay una tensión humana entre idealizar a personas y el apostar a lo comunitario. Es bueno saber que hay un modo FIFA de reinar que también se da en nuestra sociedad. Personas que se agrupan escondidas detrás de una institución social, deportiva o religiosa con un fin oculto de poder y enriquecimiento personal.
Pobre los que visiblemente o solapadamente buscan “escalar centrados en si mismos”… cuanto más arriba lleguen de más alto será su caída. Felices los que son participes de realizaciones colectivas sin creerse imprescindibles ni adorar a nadie como tal. Felices los que “juegan” para el equipo sin necesidad de ser condecorados sobre los demás. Los hay de unos y de otros en todas las instituciones humanas. Diría más, que dentro de cada uno de nosotros están las dos tendencias y cada día, en cada relación, alimentamos el mesianismo o la hermandad universal.
Nacho  

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