sábado, 16 de agosto de 2014



El vuelo hacia Resistencia

Como cuando arranqué por primera vez para el encuentro en la Laguna en enero del 2013, me preguntaba al principio qué llevar y la respuesta fue más o menos la misma que me dieron en aquel momento: disponibilidad de tiempo, muchas ganas de compartir, de escuchar y de dejarme sorprender y afectar por las vivencias de cada momento.
   
Desde que salimos de Montevideo el jueves 17 de Julio con Marta y Erik rumbo a Dolores para encontrarnos con Marta y Víctor, uno sin darse cuenta va cambiando y pasa por distintos estados que en cierto modo son influenciados también por los cambios en los paisajes y momentos del día que atravesamos. Al principio era un camino conocido con la seguridad y confianza que ello implica, aunque tenía otro gustito por hacerse de noche, en auto, conversando y sin dormir, lo que seguramente hubiera pasado de haber ido en ómnibus.


Al salir de Dolores muy tempranito al día siguiente, si bien el camino era todavía algo conocido ya no lo era tanto y empezamos por ver el primer amanecer que nos encontró sobre ruedas en este viaje y sentimos que el sol nos recibía con los rayos abiertos a un nuevo y espectacular día.


Cuando pasamos la frontera en Salto Grande alrededor de las 10 de la mañana y entramos en territorio argentino al menos yo entraba en tierras desconocidas (dejando la seguridad de lo conocido e intentando preparar mi corazón para lo nuevo) y empezaba a ver (porque todo entra primero por los ojos) y notar los cambios en los paisajes que seguían siendo llanos pero con grandes extensiones de campo que permitían extender la vista al horizonte (o por lo menos al que se puede ver desde un auto en movimiento), además de algunos montes entre pueblo y pueblo, empezando así a disfrutar de ese regalo que nos dio Dios y que es la naturaleza desde donde también Él nos habla.


 La carretera era recta y poco concurrida más que nada en corrientes y no cruzaba ningún pueblo sino que éstos empezaban a las márgenes o más adentro aún, lo que daba una sensación de monotonía que desafiaba a nuestros sentidos a agudizarse para encontrar las pequeñas variaciones que se producían. 

Leo 

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